Encerrados hace un año con Danny Boyle y la familia

Aparte de su innegable simpatía personal y de Trainspotting poco habría que rescatar de Danny Boyle. A no ser de la divertida corrupción para siempre del término en sí: junto con el bird-watching, el train spotting consistía hasta entonces -excepto para los yonquis escoceses- uno de esos incomprensibles y entrañables hobbies campestres ingleses que nadie nunca pensaría que pudiera deleitar y ocupar el tiempo libre de adultos educados y responsables. Desde el frescor y la irreverencia de su segunda cinta, nada de interés pues, de cuento de hadas en cuento de hadas, hasta acumular ocho Óscar y 19 nominaciones. Su única creación memorable en todo este tiempo, sin duda, fue su celebración de las raíces británicas en su potentísima concepción y realización de la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Londres (recomiendo no perderse la primera hora y media hasta que salen los atletas). Como refleja Jonathan Coe en su exquisita novela Middle England (de dónde sacamos la sugerencia de contemplarlo), sorprende el aire ecuánime, aunque con su pátina emocional habitual, con que repasa las luces y alguna sombra de su historia, huye del tufillo de Coros y Danzas en el Bernabeu, o esteladas en el Paseo de Gracia, de este tipo de eventos, y cuenta con una interpretación coral y popular, con guiños constantes al high brow, entre ellos el de un Kenneth Branagh sembrado y el ingenioso sketch de Daniel Craig y la Reina). Pero, como dijimos, un confinamiento con adolescentes obra maravillas a la hora de bucear en los archivos de películas familiares, recientemente estrenadas (es decir «comerciales», no «otro rollo de los de papá» «como nos vuelvas a poner una de Mother oh Mother -por Terrence Malick-, rompemos la reclusión»). Y por ahí han ido cayendo por casa Yesterday, Rocketman y Bohemian Rapsody, a cada cual más inane. La primera, como una novela de ciencia ficción clásica, cabalga sobre una premisa inicial muy ingeniosa que, como una serie de TV actual, sabemos va a ser incapaz de desarrollar hasta sus últimas consecuencias (hay un momento que hasta mis hijos se temían un final impotente «todo ha sido un sueño» tipo Los Serrano 😉 Lost o los Soprano). Y pese a que Elton John es el productor de la segunda (lo mejor, el remake plano por plano del vídeo ochentero de I’m still standing), la de Queen, con Brian May all frente, es aún más tramposa y pacata… Y luego dicen que Satantango es larga…



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5 de febrero de 2020

Brexit: «(…) he seemed to live in a low level anger state that disturbed his nights and his days (…)». Jonathan Coe

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13 de mayo de 2020

Las dos primeras adopciones tras el confinamiento: Carve up, de Jonathan Coe, y The Hellraisers of British Cinema (Burton, Harris, O’Toole y Reed, ahí es nada)

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