Europa, vacío y silencio

La mirada (invisible) de Ulises. Esta foto que he incluido en mi vidriera de los puentes de los Balcanes es muy engañosa, ya que puede reflejar una paz que no existe. Porque es la de una ausencia, y una desaparición. En el tren nocturno que me llevaba de Bucarest a Budapest mi compañero de compartimento era un montañés del Cáucaso con el que charlamos inacabablemente en el pasillo, sobre una botella de vino, con el viento oscuro y caliente del verano soplando por las ventanillas abiertas, el olor a hierro viejo del carruaje y el traquetear infinito. De madrugada, en una parada imprevista del convoy en medio de la nada esteparia del Danubio, sombras uniformadas abordaron el vagón y se lo llevaron por no tener los papeles en regla. Su cama amaneció así, silenciosa y vacía, como en una película de Miklos Jancsó. Este tren, como silabea Max von Sydow, se ve que sí llevaba a «Europa».