To live forever, Sokúrov is Tarkovski on Steroids

Del final de Solaris al desenlace de El arca rusa, Sokúrov es como si el Stalker se hubiera quedado deambulando por la Zona de la Rusia postBrezhnev y sus films como aquel nuevo disco de Bowie que tanto costaba escuchar hasta que te fascinaba. Hoy Francofonía, le Louvre sous l’occupation en la Filmoteca de Catalunya.


El arca de Sokúrov, Dardenne y Trier

8 de marzo de 2017. Ayer coincidieron en pantalla Falsch, de los hermanos Dardenne y El arca rusa, de Sokúrov. Sólo faltó Dogville, de Trier.


2 de junio de 2023. Del false found footage pasamos al deep fake esta temporada en la Filmoteca, o de cómo, como veníamos comentando, los hallazgos tecnológicos del mainstream también pasan al cine de ensayo, esta vez político-histórico-simbólico, y no sólo al revés como es tradición en la Historia del arte y, en especial, del cine . Hoy Szaska/Fairytale, el vagar de Hitler, Mussolini, Stalin y Churchill por el limbo, de Alexander Sokúrov.

The House that Jack built – Las balsas de von Trier y Viola

The House that Jack built. Trier haciendo de Haneke haciendo de Trier. El asesinato como una de las sucias artes, el arte como podredumbre y corrupción. De Quincey contra Virgilio (Ganz ante sus fantasmas). Con mucho, la obra más interesante de Trier desde Dogville. Con sus impresionantes giros en el último tercio (imprevisible, hacia arriba, en la Pasión de Kidman; inevitable, hacia abajo, en la Caída de Dillon) aún consigue hacer que se me erice la piel, ante la enormidad del desafío moral y el atrevimiento narrativo y formal que suponen. Bravo. En la vidriera, la Trinidad (Dante, Géricault y Viola todo en uno), y los ojos infernales de Lars, Kubrick y Godard. (Publicada originalmente el 24 de febrero de 2020)



The Housing of Heaven and Hell

Europa, vacío y silencio

La mirada (invisible) de Ulises. Esta foto que he incluido en mi vidriera de los puentes de los Balcanes es muy engañosa, ya que puede reflejar una paz que no existe. Porque es la de una ausencia, y una desaparición. En el tren nocturno que me llevaba de Bucarest a Budapest mi compañero de compartimento era un montañés del Cáucaso con el que charlamos inacabablemente en el pasillo, sobre una botella de vino, con el viento oscuro y caliente del verano soplando por las ventanillas abiertas, el olor a hierro viejo del carruaje y el traquetear infinito. De madrugada, en una parada imprevista del convoy en medio de la nada esteparia del Danubio, sombras uniformadas abordaron el vagón y se lo llevaron por no tener los papeles en regla. Su cama amaneció así, silenciosa y vacía, como en una película de Miklos Jancsó. Este tren, como silabea Max von Sydow, se ve que sí llevaba a «Europa».