Eso se preguntaba el Wiseman original (el actual es menos disimulado), pero hay que recordar que tanto el encuadre como, sobre todo, el montaje, ya son elecciones ideológicas. En el encuadre entran unos pocos grados de los 360 reales y el montaje desecha y contrapone más de lo que incorpora. Godard y Reisz ya teorizaron mucho sobre el montaje, los editores, por ejemplo, los de Kubrick fueron maestros de ponerlo en práctica. Porque el cine, incluso el documental o el free, es un arte, un discurso, nunca la realidad (ni siquiera las supuestas 24/7 de los realities incluyen más de lo que excluyen). De hecho, incorpora solo dos de los sentidos, incluso el VR. En eso reside su fuerza, su éxito y su atractivo.
¿hasta qué punto deja de ser la realidad cuando una cámara interfiere en un espacio donde nunca suele estar?» Miguel Martín
Wiseman ha sido para mí una constante vital, pero poco a poco me he ido dando cuenta que es un gran embaucador. En teoria, su no intervencionismo hace que sea «la realidad» la que le va llevando a que finalmente su película represente la posición más conservadora en un ámbito. Por ejemplo, siempre me ha parecido, y pese a todo, me seguirá pareciendo enorme Near Death, donde la muerte ineluctable de los pacientes parecen ir pesando para que el doctor evolucione de la libre decisión a la anti eutanasia. El problema es que las he visto demasiado y demasiadas veces para caer en la trampa: resulta que en todas la báscula «inopinadamente» cae del lado del «sentido común» reaccionario. Hasta que llegue a conocerle lo poco que se puede en su comparecencia en la Filmo y resultó que no, que (aquella presentación de Monrovia) «entendía» a los votantes tipo Trump porque en el fondo los «entendía» como antes se usaba el verbo sexualmente. Porque llegado el punto no solo los entendía sino que los justificaba. Y aunque hacía años que llevaba años «con la mosca tras la oreja» aproveche el par y algunos posteriores para ir viendo que hasta, por ejemplo, en Model ellas eran unas putillas y el se ponía del lado de los fotógrafos, y así en cada uno de las obras revisitadas. Si puede ser un «liberal jew«, y seguiré disfrutando la brutalidad de su cámara en psiquiátricos y cuarteles y otras instituciones totalitarias, pero ya no dejaré de sentirme muy inquieto por las conclusiones que derivan de su «neutralidad».
City Hall, Frederick Wiseman, 2020, EEUU, Fuente: Filmin
18 de febrero de 2026. Acaba de morir a los 96 años Frederick Wiseman, uno de los documentalistas más grandes (en todos los sentidos): 56 años de cintas-rio para navegar hipnotizados, eso si siempre más Cunning que Wise ;-). Me explico: «Tras seguirle durante una vida he ido advirtiendo el profundo conservadurismo que se oculta tras la perspectiva «neutral» de sus documentales (por ello en su momento le caractericé como «starts criticizing, ends understanding«) lo que no es óbice para que siga asistiendo a cada una de sus intensas proyecciones: aunque lo parezca, no es tan obvio reconocer que, pese a todo, hay mucho de auténtico que se cuela en sus films». En este sentido, están desde las que acaban siendo más maniqueas (más discretas como Near Death o algo infumables ideológicamente como Model o Monrovia) hasta las que hacen fascinante algo tan aburrido, y necesario, como la administración pública (City Hall).