11 de mayo de 2026. En comparación con la deslumbrante Origin, Tenet es una película con premisas y soluciones mucho más arduas. A un nivel muy superior, frente a la fascinación fluida de Largo viaje hacia la noche,
Resurrection exige picar piedra para entrar en su portentoso laberinto, pero la recompensa está a la altura de la complejidad de su desafío. En ambas, ese gradual, al principio sacrificado, crecimiento de la revelación desemboca, como ya es habitual en Bi Gan, en un ultimo acto perfecto, con el uso inmersivo de un sedoso 3D envolvente, de calidez nocturna, o la vitalidad desbocada de un plano secuencia eterno. Y aparte obviamente del Modern Love del Denis Lavant de Carax, ese discreto destello final de incisivos que me ha recordado al Richard Wagner interpretado por Paul Nicholas de aquella otra locura de Ken Russell llamada Lisztomania. En Renoir Floridablanca.




