Mi cine es el de los Lumière, pero no por ello no me gusta Méliès. De hecho, tengo localizadas en mi ciudad las más grandes pantallas de alta resolución donde sigo maravillado los avances tecnológicos del cinematógrafo. Durante el confinamiento, en los ratos familiares de esparcimiento, repasamos con mis hijos todas las películas de acción y efectos especiales de Emmerich a Mann, pasando por la saga «Yipi ka yei» de Bruce Willis. Así este año hemos acudido cumplidamente a la cita con los magnos blockbusters veraniegos, que ha resultado sorprendentemente Bullet Train. Pese a estar dirigida por el poco apetitoso David Leitch, se nota la mano del siempre solvente Antoine Fuqua y un chispeante guion sólidamente ensamblado por el bisoño Zak Olkewicz sobr el best-seller del popular Kotaro Isaka. Una mezcla hilarante y adrenalínica servida por un elenco de actores en su plenitud, liderado por la tarantinesca pareja de sicarios compuesta Aaron Taylor-Johnson y Brian Tyree Henry, en uno de sus rodajes en que se nota que disfrutaron como niños pequeños, lo que prueba el aderezo de gozosos cameos de famosos que “pasaban por ahí”.
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The Happening, it’s raining men y los giros finales «sorprendentes»
The Happening le dio todo un nuevo sentido a la expresión It’s raining men [😉] La película (atención, spoiler) de los ecosuicidios masivos instigado por una maltratada Gaia es con mucho la película que me ha resultado más memorable por inquietante de Shyamalan y no su sobrevalorada ópera prima, en la que, como en Seven, una masa crédula compra que está asistiendo a un giro final sin parangón cuando, si agrupa todas las premisas, a media película ya debería haber advertido que el que tiene que estar muerto es el personaje de Willis. La mayor parte del resto de sus temas también coincide en su categoría de historias de fuego de campamento, «y cuando le dio la vuelta al cadáver vio que era él mismo» [😉] , tan queridas por el espectador infantil norteamericano, de las que solo se libra la escalofriante escena de Carretera Pérdida de Lynch con Robert Blake llamándose por teléfono a sí mismo, a la vez en la fiesta y con la mujer del protagonista sería una «deformación cultural» más que profesional. Las pistas están ahí (y tampoco hace falta ser un genio jajajaja el niño ve muertos y nadie más ve a Willis sería la principal premisa) con que hayas pasado algunos campamentos de verano a la vera del fuego. En cuanto a Seven abre un debate mayor si queremos porque supone que, ateos o no, tenemos interiorizada nuestra herencia cultural católica. Se me ha convertido en todo un reto explicar a mis hijos que hay que saber de religión y de mitología para entender el arte hasta el siglo XVIII sin para nada, obviamente, querer catequizarles o que les adoctrine.
Shyamaln is the new `Man you love to hate´
José Iglesias Etxezarreta, 7 de marzo de 2022, como Stroheim , Spielberg, Almodóvar, y los dos Ken, Russell y Loach 😉


