Blockbusters y efectos especiales – Porque Méliès también es interesante

Mi cine es el de los Lumière, pero no por ello no me gusta Méliès. De hecho, tengo localizadas en mi ciudad las más grandes pantallas de alta resolución donde sigo maravillado los avances tecnológicos del cinematógrafo. Durante el confinamiento, en los ratos familiares de esparcimiento, repasamos con mis hijos todas las películas de acción y efectos especiales de Emmerich a Mann, pasando por la saga «Yipi ka yei» de Bruce Willis. Así este año hemos acudido cumplidamente a la cita con los magnos blockbusters veraniegos, que ha resultado sorprendentemente Bullet Train. Pese a estar dirigida por el poco apetitoso David Leitch, se nota la mano del siempre solvente Antoine Fuqua y un chispeante guion sólidamente ensamblado por el bisoño Zak Olkewicz sobr el best-seller del popular Kotaro Isaka. Una mezcla hilarante  y adrenalínica servida por un elenco de actores en su plenitud, liderado por la tarantinesca pareja de sicarios compuesta  Aaron Taylor-Johnson y Brian Tyree Henry, en uno de sus rodajes en que se nota que disfrutaron como niños pequeños, lo que prueba el aderezo de gozosos cameos de famosos que “pasaban por ahí”.

La Casa de Papel y Black Mirror

Sí, La Casa de Papel es la encarnación misma del concepto «trepidante» y tiene un ritmo, producción e interpretación arrebatadoras, pero su sistema de distribución, cada uno entusiasmado en su casa, deshace su proclamada rebeldía y remite a un consumo distópico tipo Black Mirror.
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Yes, Money Heist is the very incarnation of the «fast-paced» concept and has a breathtaking rhythm, production and interpretation, but its distribution system, each family enthusiastic at home, undoes its proclaimed rebellion and refers to a dystopian consumption like Black Mirror.


8 de abril de 2020. “Te tengo que recordar que has intentado entrar cuatro veces, ¿qué cojones pasa ahí dentro?, ¿es que dan barra libre o qué?” Con una sucesión de réplicas producto de unos guionistas en permanente estado de gracia (Álex Pina, Javier Gómez), con un elenco sin par y personajes icónicos liderados por un formidable Pedro Alonso (Berlín), y con un ritmo sin aliento que destroza los nervios del espectador menos empático, La casa de papel se ha convertido en un fenómeno mundial. Cierto que los giros retorcidos de trama de película de atracos y los tiroteos de coreografía peckhinpah/depalmanianos superan en momentos a alguna secuencia cerrada de los clásicos de directores punteros de los dos géneros, de Heat de Michael Mann, Die Hard de McTiernan (ese John McClane poligonero y a la inversa, el Gandía del descomunal José Manuel Poga), o del hongkonés John Woo (Wu Yu-seng); igual es esa edición de precisión y bisturí, kubrickiana, que impide decaer el latido hasta el infarto (no olvidemos que nuestros montadore/as fueron uno de los motivos que atrajeron a Welles y a otros de los grandes a rodar en Iberia); pero muy posiblemente sea la precisión y la retranca del humor negro castizo, berlanguiano, que contrapuntea las numerosas tragedias, lo que ha atraído al consumidor de series más escéptico del planeta (yo) a este “great entertainment” en familia -por mucho que contemple con la ceja alzada cualquier apropiación comercial de símbolos de la izquierda como el Bella ciao o La Resistencia para su aligeramiento y fácil digestión millennial-, es la impresión de estar contemplando lo que los estadounidenses llamarían un “Atraco a las Tres on steroids” 😉 (minuto 5.56).

Collateral, Heat, Mann y el modelo bressoniano

Los Ángeles, noche. Collateral, donde Cruise demuestra que puede ser un actor solvente y Eddie Murphy, perdón Jamie Foxx, no, nunca 😉, y Michael Mann, siempre sólido, demuestra a su vez, como Weir (con Chamberlain y Gibson) y como en Heat (con Kilmer), que no hay intérprete malo, sino mueble mal colocado (como pensarían Hitchcock o Bresson, aquí en un vídeo expresando su opinión sobre el «actor» y el «modelo».


15 de noviembre de 2021. Heat revisited.


Una de los mejores tiroteos y bajada de la calle de todos los tiempos


The Thing. Of good and evil, bourbon and vodka and the Cold War

Sobremesas 80s de festivo. Recordando a mis hijos que una de las cosas que más impactaba de The Thing de Carpenter (aparte de la banda sonora de Morricone, el increíble reparto, la tensión perfecta del relato, los guiños a la Guerra fría en las bebidas de los protagonistas) era un cierto relativismo reflejo de la podredumbre moral, pero poco común en películas «de acción», de la época y que además me ha propulsado a la actual: el miedo y la lucha por la supervivencia pueden «llevar a los buenos a hacer cosas malas» (entre otras, Russell ejecuta a un par de sus amigos que ni siquiera están contaminados, salvan al monstruo cuando se les presenta en formas de Naturaleza inocente («creo que vi un lindo perrito»), y entre todos destierran y condenan a la infección al más lucido de ellos que es quien precisamente les avisa). Del original de Hawks, me quedo sobre todo con el humor: «¿has podido fotografiarlo? Si, al caer he tomado parte del techo y mi pie»). De la de los productores del remake de Amanecer de los muertos, me quedo con la infantil curiosidad de la precuela y la imprescindible (ya tardaban) reivindicación de los noruegos y sus pedazos cronenberguianos de video granuloso alrededor de la fosa del platillo. Y un gusto volver a ver las pesadillas de uno de mis creadores de criaturas (junto al Rambaldi de La posesión) favorito: Rob Bottin (pronúnciese todo seguido ;-), caracterizado durante el rodaje en la cuarte foto adjunta.


25 de junio de 2022. Si, si, ya sé, que si Blade Runner, que si «yo he visto cosas que no podéis llegar a imaginar» (eh, atentos, que yo hasta lloro cuando Rutger Hauer declama su pieza), pero hace 40 años también se estrenó un film de mucha más ambigüedad moral, una versión, que no remake, de un grande por otro grande, que convirtió ambos films en clásicos complementarios.


6 de septiembre de 2022. Casualmente, hoy he comenzado a trabajar en la parte alta de la ciudad… y la mayor parte de los niños que iban al cole en grandes coches ¡eran rubios! Será que el dinero activa algún tipo de gen mutante o de sustancia decolorante. ¡Qué lucidez la de Carpenter en The Thing, They live y Village of the Damned.

Village of the Damned, John Carpenter, 1995, EEUU, Universal Pictures, Fuente: Espinoff

18 de abril de 2023. En La Cosa de Carpenter los humanos beben whisky y los posibles infectados, vodka. Puede ser casualidad o un guiño a las películas de terror de la Guerra Fria ¿Alguien puede desarrollarlo?

El uso de iPhones por parte de ‘villanos’ en películas y series.