Trumbull, and Man met the Monolyth, and He saw it was full of Stars

El corredor silencioso se encara con el monolito repleto de estrellas. Muere Douglas Trumbull, el director que nos fascinó con la precursora Silent Running y el genio de los efectos especiales de 2001, Blade Runner o Encuentros en la Tercera Fase.

La paradoja de que un Krüger nazi habría sido políticamente correcto

A los políticamente correctos que exigen que los personajes de ficción sean interpretados por actores de su misma, supuesta, «identidad» les hubiera encantado Hardy Krüger. No sólo parecía nazi e interpretaba a nazis , sino que fue nazi en su juventud. Qué «auténtico» todo ¿no? (sería idóneo para un remake de Spielberg de Los chicos de Brasil o Marathon Man -¿y como no pensó en el para su lista de Schlinder-). Pero para la gente normal que sabe diferenciar vida y obra, realidad y ficción, sólo recordarles que participó nada más y nada menos que en el Barry Lyndon de Stanley Kubrick y en Hatari! de Howard Hawks.

Por eso, subrayo siempre que hay que diferenciar entre vida y obra, además de entre juventud y madurez. Aunque también es cierto que hay quien toma papeles más activos que otros. Krüger protagonizó Junger Adles y combatió en las SS, no en la simple Wermacht, lo que parece que requería un compromiso mayor con la causa.

Hatari! es una enorme película, la vi por primera vez de pequeño y me impresionó muchísimo, hoy poco a poco Hawks se ha convertido en mi director americano clásico favorito. Y aunque todo el mundo recuerda por supuesto a John Wayne, ¿adivinen quién sale también? Mi adorado Gerard Blain, le ami americain, le beau Serge.

15 frases míticas que fueron improvisadas

«Cuando el intérprete tiene un momento de lucidez y el director es lo suficientemente avispado, una línea fuera de guion puede cambiar la película.», Ricardo Rosado

Shinoda, West Side Story y las reinterpretaciones

Tiene cierto sentido que Olivier hiciera un Hamlet porque era considerado uno de los mayores actores shakespearianos de su tiempo, como Branagh sólo que éste último es mucho mejor director (Much Ado for Nothing, Henry V). El más cinematográfico fue el de Kózintsev, con guion de Boris Pasternak, como es el más grande su Rey Lear. [Al cuarto señor que usted cita no tengo el gusto de conocerle 😉 ni permitiré que su nombre mancille este listado jajajajajajaja…] En todos estos casos hay un libreto que se va reinterpretando. West Side Story como tal es un musical que puede sufrir también versiones, pero o lo cambias radicalmente (Conrad, Coppola, Herzog -que no Sénder- con El corazón de las tinieblas) o exponiéndolo literalmente es casi imposible que ni te acerques a una comunión de talentos en un estado de trance como es el original. No digo que no valga la pena intentarlo, pero no sería una iniciativa comercial y ramplona como ésta [la de Spielberg], sino algo así como el «WSS» de Godard o de Zulawski o de Kurosawa. De hecho, ya hay un maravilloso japonés, mitad West Side Story, mitad La ley del silencio, con toques de Pierrot Le Fou, A flame at the Pier (del maestro Shinoda, tiendo a confundirla con Flor pálida del mismo director porque las vi en el mismo y alucinante miniciclo que le dedicaron hace un par de año), que acaba con una increíble back projection -o incluso, como en el Skolimovski de Hands Up!, pudiera ser una lona que cae y el fondo fuera real- de las aguas oscuras del puerto mientras un cortejo fúnebre de pandilleros, trabajadores, huelguistas, esquiroles y policías lleva el cadáver del protagonista -una especie de Raphael, Elvis, Brando, Dean nipón todo en uno- y detrás desfila el amor imposible. Más que versiones, remakes, secuelas o precuelas, creo que en arte funcionan las reinterpretaciones, apropiaciones, superaciones, inversiones, yuxtaposiciones, inspiraciones… Aquí están las impresiones del vertiginoso caleidoscopio de recuerdos de aquellos días.



Y algún día hablaremos de Macbeth…


Albany: The weight of this sad time we must obey;
Speak what we feel, not what we ought to say.
The oldest hath borne most: we that are young 385
Shall never see so much, nor live so long.

King Lear, Grigori Kózintsev, 1971, URSS

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Los directores «después de….» – Forman, Richardson, Weir

Tras ver Jojo Rabbit, parece que lo lógico sea asociarla a memorables obras maestras como El Gran Dictador o Ser o no ser (por tomarse a Hitler con humor) o indigestiones insoportables de baclavas untados con panela y espolvoreados con azúcar glass como La vida es bella. Pero de entrada no hay escalpelo satírico, sólo gracieta, y niño inmerso en guerra es el tema de innumerables películas, desde poemas de una belleza inaprensible como La infancia de Iván hasta realidades enajenadas de Ballard como en El imperio del Sol (uno de los pocos Spielberg para adultos junto con Munich). Sin embargo, no sé por qué se me ha ido la cabeza los directores “después de” (total, en el pasado sólo tiene destacable la ingeniosa Things we do in the Shadows). Y no porque Taika Waititi nos haya deparado grandes films anteriormente, sino por una simpleza como su origen. Es neozelandés, y medio maorí (¿se llaman así aún en Politically Correct Land?). Y en las antípodas sí tenemos dos casos flagrantes de “después de”. Uno pequeño, ya que Once we were Warriors igual fue sólo un fuego fatuo vista la estéril trayectoria posterior de Lee Tamahori (quedando pendiente el visionado de Mahana, el film con el que ha vuelto a rodar en su país natal y con el feroz novelista “Warrior”, Temuera Morrison). El otro es de manual, Peter Weir. Uno de los más importantes directores del Hemisferio Sur, el autor de películas tan salvajes como Los coches que se comieron París o embrujadoras como The last wave (con David “Walkabout” Gulpilil) o El año que vivimos peligrosamente, el Gepetto capaz de traer a la vida a actores de madera como Richard Chamberlain o Mel Gibson (dos veces), el compositor de la sinfonía Picnic at Hanging Rock (“Miranda is a Boticelli Angel”). Descontando a ingleses, alemanes y mexicanos, que por distintos motivos no han tenido que variar tanto su estilo al llegar a Hollywood, en esta categoría encontraríamos también a Milos Forman, que dejaría la cantera checo/eslovaca (ya entonces mostraban ciertas diferencias estilísticas aunque se sentían unidos como grupo), posiblemente la nueva ola más nutrida de talento y frescura después de la francesa y a corta distancia de la inglesa o polaca (la Rusia revolucionaria o la Italia de posguerra). Forman fue parte de una generación fílmica irrepetible: Věra Chytilová, Ivan Passer, Jaroslav Papoušek, Jiří Menzel, Jan Němec, Jaromil Jireš Vojtěch Jasný Juraj Jakubisko, Juraj Herz… hacían películas tan poco conformes con el canon o tan irreverentes que se jugaban el pescuezo de verdad con las autoridades estalinistas. Forman era el niño bonito, y en esa condición «huyó» a Occidente (los que se quedaron conscientemente no le guardan demasiado rencor por lo que he podido hablar con alguno de ellos cuando han pasado por la Fimoteca). Menzel y sus Trenes rigurosamente vigilados más que mi favorito es casi mi biblia vital y visual desde que la vi como un adolescente bocabadat en el Electric de Portobello,Y la entrevista que tuve con Jakubisko para Contracampo fue del orden surrealista que tanto amaban: dos funcionarias de sendos partidos del Este (llamarlos comunistas me daría vergüenza) traduciendo del inglés al alemán y del alemán al eslovaco y advirtiendo claramente cómo se comían la mitad de los matices que no les interesaban… Forman se fue a hacer cine «comprometido… con la progresía liberal de Hollywood. Y si bien Alguien voló sobre el nido del cuco dramáticamente no estaba nada mal, y Taking Off merece ser recordada, palidecían al compararse con Los amores de una rubia o cualquier otra cosa que hubiera hecho «antes de venir del frío». Personalmente la que más he disfrutado (pero no sé cuánta gente diría lo mismo) ha sido Ragtime, con el último gran papel de un descomunal James Cagney), pero claro ya nada a la altura ni de lo que hizo ni de todo lo que harían sus ex compañeros… De Amadeus ni hablo porque acabo de limpiar el teclado. Pero sí existe alguien que puede ser clasificado como el mayor derroche vivo ese es la joya de los Angry Young Men, Tony Richardson. El hombre de cuyos ojos salieron Look back in anger y, sobre todo, la preciosa, iniciática, esa cima del orgullo de clase y la dignidad que es La soledad del corredor de fondo, el rebelde que financió la huida de prisión del agente doble George Blake. Atraído por cantos de sirena, se fue a vivir a Los Angeles en 1974 donde malvivió, fílmicamente hablando (aunque en The Border, con Jack Nicholson, aún consiguió encandilarnos a sus entonces jóvenes fans), hasta su muerte por complicaciones derivadas del HIV en 1991. Su cambio de residencia fue el mayor error cometido por alguien que precisamente había declarado que:

“It’s impossible to make films that appeal to everyone, and the only solution is to make them at a nonprohibitive cost, and to try to adhere to a strong, independent point of view that will appeal to at least one body of customers: the ones who want to be stimulated by provocative ideas».

Bajo esta luz, nos vemos obligados a saludar como grandes éxitos vitales y cinematográficos los “fracasos” de los proyectos de traslado, siquiera temporal, de Eisenstein o Antonioni. Fue una suerte que no cuajaran en ese ambiente creaticida… otra cosa serían los viajes en la otra dirección, los notorios destierros de Chaplin, Welles o Losey.


14 de abril de 2018. Se va Milos Forman, gran representante de la formidable Nueva Ola Checoslovaca con Menzel, Jires o Chytilova (juntos en la primera foto), pero ¿cómo no retratarlo/recordarlo junto al rocoso, otoñal, deslumbrante, siempre brutal James Cagney, al que recuperó para la telúrica Ragtime?


The Happening, it’s raining men y los giros finales «sorprendentes»

The Happening le dio todo un nuevo sentido a la expresión It’s raining men [😉] La película (atención, spoiler) de los ecosuicidios masivos instigado por una maltratada Gaia es con mucho la película que me ha resultado más memorable por inquietante de Shyamalan y no su sobrevalorada ópera prima, en la que, como en Seven, una masa crédula compra que está asistiendo a un giro final sin parangón cuando, si agrupa todas las premisas, a media película ya debería haber advertido que el que tiene que estar muerto es el personaje de Willis. La mayor parte del resto de sus temas también coincide en su categoría de historias de fuego de campamento, «y cuando le dio la vuelta al cadáver vio que era él mismo» [😉] , tan queridas por el espectador infantil norteamericano, de las que solo se libra la escalofriante escena de Carretera Pérdida de Lynch con Robert Blake llamándose por teléfono a sí mismo, a la vez en la fiesta y con la mujer del protagonista sería una «deformación cultural» más que profesional. Las pistas están ahí (y tampoco hace falta ser un genio jajajaja el niño ve muertos y nadie más ve a Willis sería la principal premisa) con que hayas pasado algunos campamentos de verano a la vera del fuego. En cuanto a Seven abre un debate mayor si queremos porque supone que, ateos o no, tenemos interiorizada nuestra herencia cultural católica. Se me ha convertido en todo un reto explicar a mis hijos que hay que saber de religión y de mitología para entender el arte hasta el siglo XVIII sin para nada, obviamente, querer catequizarles o que les adoctrine.


Shyamaln is the new `Man you love to hate´

José Iglesias Etxezarreta, 7 de marzo de 2022, como Stroheim , Spielberg, Almodóvar, y los dos Ken, Russell y Loach 😉

Sean Connery, larga vida al rey de Kafiristán

Para cerrar las fiestas no hay como ir con los peques a ver ese gran canto a la amistad que es El hombre que pudo reinar. Hoy en Filmoteca de Catalunya, juntos para siempre, en la plenitud de su talento y capacidad, Connery, Caine, Plummer y Huston dándole al vuelta a la leyenda de Kipling


1 de noviembre de 2020. Ha muerto Sean Connery, pero el rey de Kafiristán y Ahmed al-Raisuli seguirán para siempre. «Is there not one thing in your life that was worth loosing everything for?»


3 de noviembre de 2020. «You don’t know pleasure until someone pays you to take Sean Connery for a ride in the sidecar of a Russian motorcycle.» Harrison Ford for Sky News