Buñuel, sin subterfugios – El Salvador, Los olvidados y el ángel exterminador

Aparte de las entrevistas y pese a una etapa al frente del diario, en El Salvador sólo escribía asiduamente en la sección de Cultura ya que era la parte menos vigilada y, como en el franquismo, dónde se podía colar critica social mediante metáforas y eufemismos. El ciclo Buñuel de la Embajada, por ejemplo, resultó una ocasión ideal que me permitió para abordar temas como el de las pandillas («grupos autoorganizados de jóvenes excluidos y huérfanos de horizonte y esperanza») utilizando en este caso la reseña de Los olvidados (película que ya suscitó en su época escándalo en Mexico), hoy en la Filmoteca. Por cierto, la imagen de la escena doméstica marera proviene del deslumbrante y terrible documental, La vida loca, que realizó el malogrado Christian Poveda antes de ser asesinado por una falsa acusación de policías corruptos.


30 de abril de 2023. Ayer los niños desheredados los abordaba Buñuel, hoy en la Filmoteca es Vittorio de Sica quien se (pre)ocupa con Sciuscià/Shoeshine. De cuando la pobreza suscitaba en artistas activistas ira, compasión, denuncia, análisis y compromiso politico, y no desprecio, agresividad y represión.


22 de mayo de 2023. Cuando, como explicaba el otro dia, utilizaba el ciclo de Luis Buñuel que organizaba el Centro Cultural de España en El Salvador como cortina eufemística para tratar en El Diario de Hoy los problemas nacionales que no podia tratar abiertamente, me serví de El ángel exterminador para denunciar «la claustrofobia de la codicia». Hoy en la Filmoteca de Catalunya.


2 de septeimbre de 2026. Roberto Valencia También contribuyeron las instituciones. Uno de los más grandes documentales de América, hecho en El Salvador. Jueces y policías tampoco quedaron tan bien retratados y algunos corruptos le acusaron de soplón para incitar a su asesinato.

Roberto Valencia

2 de septiembre a las 6:57 p. m. ·

Diecisiete años sin Christian Poveda

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La última vez que vi en persona al fotoperiodista Christian Poveda fue dos meses antes de que lo asesinaran aquel 2 de septiembre de 2009. El 30 de junio, la Alianza Francesa de San Salvador organizó un debate titulado «Violencia juvenil, ¿qué soluciones?», y él era uno de los ponentes. Llegó con su mejor sonrisa y sin recibir ni un dólar a cambio. No llegamos a treinta personas de público. Al terminar se acercó a pedirme prestado el teléfono para llamar a su pareja.

En sus intervenciones dejó clara su postura sobre las maras: las políticas represivas implementadas por la derecha en El Salvador fueron un fracaso, hay sectores de la sociedad que se lucran de la extrema violencia que carcome el país, los medios de comunicación locales tienen una cuota de responsabilidad importante, y la única solución a corto plazo es que el Gobierno se siente a negociar con los pandilleros y fomente las condiciones para que se dé una tregua entre la Mara Salvatrucha y el Barrio 18.

Su documental, ‘La vida loca’, está en sintonía con ese planteamiento que dibuja a los mareros más como víctimas que como victimarios. En el documental de Poveda los represores son los policías y los soldados. Los pandilleros son una joven que busca a su madre, que la abandonó a los seis días de nacer; son una madre que amamanta a su hijo; son un niño de la calle agradecido con el Barrio 18, su única familia; son jóvenes que quieren ganarse la vida amasando pan, pero que son perseguidos. En noventa minutos aparecen pandilleros que se divierten bromean bailan trabajan se drogan se redimen se tatúan, pero no hay ni un solo plano de alguno armado, como si las armas fueran algo ajeno. Ante ese recorte de la realidad, no es de extrañar que la crítica de cine publicada por el diario francés Libération concluyera con esta frase: «Ha podido dibujar los contornos de los personajes, por lo que ahora es imposible negarles la condición de víctimas».

Lo mejor que hace el documental no está en el primer plano de lectura. La pandilla que retrata va más allá del estereotipo del grupo de jóvenes tatuados con predisposición al delito y a la violencia. Poveda logra captar la complejidad del fenómeno, algo que se aprecia con claridad en los velorios y entierros. En el último que se muestra, el de la pandillera tuerta, los tatuados son minoría. Lo que abundan son rostros imberbes, adultos mayores, abuelas, niños. Todo un entramado social.

Unas semanas antes del estreno, que fue en septiembre de 2008 en el Zinemaldia, el Festival Internacional de Cine de Donostia, en Euskadi, le pregunté qué opinaba de su película.

—La película es, como decimos en Francia, à double tranchant, a doble corte. Realmente yo he compartido la vida de estos locos, y hay algunos que los ves vivir… y los ves vivir y los ves vivir. Y es puro documental, no es como un actor que muere, pero que ya sabes que lo vas a ver vivo en otra película. Aquí mueren de verdad. Y eso es algo impresionante y que da fuerza a la película, pero al mismo tiempo asusta mucho.

Hoy todo son elogios para ‘La vida loca’, pero hasta el día del asesinato no estaba funcionando. Pasó sin pena ni gloria por los festivales en los que se proyectó, y su primer contacto con la gran pantalla fue una decepción. En España se estrenó comercialmente en diciembre de 2008, pero solo se proyectó en cuatro salas: dos de Madrid y dos de Barcelona.

—La película tuvo poca repercusión —me dijo Luis Ángel Bellaba, productor y distribuidor de la cinta en España—. Fue tan leal con el tema de su película, las maras y con el dolor que representa esa vida, que filmó exactamente eso. Y lo describió tan bien que a lo mejor resultó muy duro. La gente no está acostumbrada a ese tipo de películas.

Para el 30 de septiembre de 2009 estaba previsto el estreno en Francia, la tabla de salvación de la inversión. Además de director, Poveda era coproductor y había vendido su casa en Francia para financiar el documental. Estaba también convencido de que la viabilidad de su próximo proyecto dependía de que ‘La vida loca’ obtuviera unos números aceptables. Poveda quería dirigir una película sobre las maras, pero esta vez de ficción. El guion lo iba a escribir Horacio Castellanos Moya.

Quizá por esa necesidad, Poveda recibió con inusitado entusiasmo una propuesta de la revista francesa Elle: que uno de sus equipos viajara a El Salvador para escribir un generoso reportaje sobre las pandilleras protagonistas de ‘La vida loca’, que se publicaría justo la semana del estreno en Francia. Una publicidad invaluable.

—Él quería hablar con nosotros —me dijo en el penal de Quezaltepeque Moreno, sobrenombre de José Luis Rosales, ‘dieciochero’ desde los doce años y uno de los personajes que más peso tiene en el documental.

El Barrio 18 citó a Poveda en el reparto La Campanera de Soyapango. Aceptó porque ese encuentro iba a tener una doble función: por un lado, allanar el camino antes de la visita del equipo de Elle; y por otro, explicar a una parte del nuevo liderazgo de la pandilla que él no era el responsable de que el DVD se estuviera vendiendo en las calles.

El miércoles 2 de septiembre Poveda madrugó como de costumbre, y se sentó frente a su computadora. Navegó durante al menos dos horas, con constantes ingresos en Facebook, el portal al que dedicaba tanto tiempo en los últimos meses. De la casa salió con una camisa azul oscuro: iba a que lo entrevistaran por la exposición fotográfica que había curado y que estaba a punto de inaugurarse en el Photocafé. Regresó pasadas las diez. A mediodía volvió a subirse en su Nissan Pathfinder plateada y se dirigió hacia La Campanera.

Le dispararon dos veces en el rostro, a muy corta distancia.

La revista Elle abortó su reportaje, pero Poveda logró lo que se había propuesto: publicidad invaluable para ‘La vida loca’. El documental se estrenó el 30 de septiembre en Francia con éxito de crítica y de público, se reestrenó en España un mes después y con los años terminó convertido en una cinta de culto.

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Hoy, 2 de septiembre de 2026, se cumplen diecisiete años del asesinato de Christian Poveda.

Este texto es una nueva versión de un fragmento de una crónica de más de 4200 palabras titulada ‘¿Quién mató a Christian Poveda?’, que es una de las dieciséis crónicas y perfiles que integran mi libro Made in El Salvador, que está a la venta en Amazon. También pueden pedírmelo directamente a mí, si lo quieren firmado y con dedicatoria.

Pasolini e il teorema della città

Con su habitual clarividencia, Pier Paolo Pasolini ya desmenuzaba la televisión antes de la eclosión e invasión de las cadenas privadas, y la dialéctica entre formatos audiovisuales/artísticos, las oportunidades y limitaciones de la pantalla pequeña y doméstica(da). Comienza la nueva antología que le dedica la Filmo, en la que, al discurrir en paralelo (pero holgado, gracias programadores) al de Marguerite Duras, nos veremos obligados a concentrarnos en las pequeñas joyas di solito escurridizas, como las de hoy, Pasolini e… la forma della città + Le mura di Sana‘a + Pasolini e Sana’a, aunque también haremos esfuerzos para no perdernos la revisión de sus grandes… teoremas 😉


6 de marzo de 2022. Intentar remontar o dar sentido a obras inacabadas (Welles por Bogdanovich, Eisenstein por Aleksandrov o Anger por si mismo) es una tarea solo a la altura de los más atrevidos y muchas veces queda reducido a un decepcionante ejercicio retórico de estilo. Veremos hoy en @filmotecacat que tal le fue a Giuseppe Bertolucci con La rabbia de Pasolini.


8 de marzo de 2022. Hay quien extrae actuaciones portentosas de actores profesionales, hay quien las borda con gente de la calle, y está Pasolini, que extirpa del arrabal a una fuerza tan formidable como Franco Citti, que le sería fiel toda su vida y hasta la eulogia final de su otro hermano, Sergio, en la devota Ostia. Hoy, desatado, en Edipo re, en la Filmoteca y en copia que prometen primorosamente restaurada, como todas las de la Cineteca de Bolonia.


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15 de marzo de 2022. Spiriti. No soy mucho de ránkings, pero hoy dan en la Filmoteca de Cataluña dos de los que fácilmente se pueden clasificar con «mejores películas de la Historia del Cine», India Song de Marguerite Duras y Teorema de Pier Paolo Pasolini, magia pura aderezada con Terence Stamp, Delphine Seyrig, Michael Lonsdale, Silvana Mangano, Laura Betti, Anne Wiazemsky…


17 de marzo de 2022. La mejor película de Pasolini es Teorema… no, sería Porcile… bueno, si no tenemos en cuenta el portento de Uccellacci e uccellini… o podría ser la piedad de Il vangelo… o la devastación de Saló… ¿Accattone o Mamma Roma? No, sin duda, la película de Pasolini que reúne todas sus facetas, la más completa e incisiva, es La ricotta, su episodio en Ro.Go.Pa.G, la cinta que le unió coyunturalmente con Rosellini, Godard y Gregoretti en ese formato tan adorablemente sixties. Pues eso, hoy en la Filmoteca se pueden dar el banquete del requesón hereje, en vibrante programa doble con Sopralluoghi in Palestina per Il Vangelo secondo Matteo.

La dificultad de identificar a Mario Cipriani como el actor que dio vida al entrañable Stracci, a pesar de su icónico y memorable papel de «ladrón bueno con frase» que acaba muriendo en la cruz de verdad por una mezcla de hambre e indigestión, es una muestra de la precariedad de la trayectoria vital y artística de los actores no profesionales que seleccionaba el romagnolo de sus vivencias y en sus correrías por su particular versión de Roma.


1 de abril de 2022. La Trilogía de la Vida es para mí el único momento en que el Pasolini enamorado trata de apostar por la esperanza y la alegría, y desgraciadamente su lucidez se viene abajo, qué condena que en este caso se cumpliera el principio del artista torturado. Es lo más flojo suyo como grande se anunciaba su Trilogía dela Muerte, iniciada y truncada con Salo, producto de su desesperación y desencanto ya total con la sociedad capitalista, la oposición comunista e incluso con el hombre (y con Ninetto).


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Pasolini Pietà – Ernest Pignon-Ernest, Roma (2015)