Capitalism. Youth passes in days of discreet despair – Los reencuentros, rocoso Niño de Elche y el D’A Film Festival

Cuando las películas no llegaban a Barcelona y no podíamos huir todos los días a Londres nos dábamos atracones en los festivales, como pasa aún en lugares donde las salas regulares han desaparecido. Recuerdo la epifanía de madrugada de Sans Soleil en aquellas sesiones golfas e imprevisibles agrupadas bajo el nombre de Festival Internacional de Cine de Barcelona, comisariadas si mal no recuerdo por el aquel entonces denostado por los jóvenes airados Àlex Gorina. Llegó un día en Sitges en que prometí contenerme: al final resultó que empecé con H20 (Halloween 20) al romper el alba para acabar muchos con films después con un musical egipcio sobre Averroes (eso sí, de Chahine) al amanecer del día siguiente 😉 Hoy, sin tantos maratones, nos recompensa el D’A Film Festival. Empezamos el lunes en Cinemes Aribau con Youth (Spring), obra maestra de Wang Bing que además nos va a recordar al llorado Hu Bo y el contexto de brutalidad de la explotación capitalista y el control de las élites globales en que la juventud del planeta se pasa en días de discreta desesperación.


9 de abril de 2024. Joie de vivre. Segunda jornada del D’A Film Festival, hoy en el CCCB, y pasamos del bofetón lacerante de Wang Bing de ayer a la chispeante alegría de vivir de Agnès Varda mediante una interesante selección de siete cortometrajes de 1958 a 2003, difíciles de ver en pantalla grande y buen sonido.


10 de abril de 2024. Paradójicamente, aunque todo el mundo sabe que soporto mal el uso indiscriminado de música como azúcares añadidos o maridaje con películas mudas, me parece muy atractiva la fusión de artes, que genera una tercera obra alternativa, como hace Dr Truna Andrés o como hoy en la tercera sesión del D’A Film Festival en que el Niño de Elche desafiará a Buñuel y Dulac (Un perro andaluz/La concha y el clérigo).



11 de abril de 2024. Tras el rocoso zarandeo ayer por parte del prodigioso Nino de Elche, Buñuel y un devorador Dulac, seguimos con el D’A Film Festival y la semana de las maravillas (guiño a Jaromil Jireš 😉 ): en tres dias habremos visto a Jean-Luc Godard al principio (Les fiancés du Pont McDonald, de Agnès Varda, con Anna Karina y Eddie Constantine… ¡ y sin gafas!) y final de su vida cinematográfica (hoy en Cinemes Aribau, Film annonce du film qui n’existera jamais: Drôles de guerres, el último regalo del genio antes de su eutanasia), «en fastuoso programa doble» con Abide Nowhere, de uno de los más emocionantes cineastas de la actualidad, el hierático Tsai-ming Liang.


George A. Romero, The Walking Dead y la invención del zombie, las masas (muertas) en movimiento

Con un colmillo retorcido aún más politico que Cronenberg, George A. Romero fue el primero en utilizar el terror como escalpelo del American Way of Life, con ambientes amenazantes también de día, en espacios abiertos y con personas normales como «monstruos», en el que un negro es el héroe y ajusticia a un blanco insoportable, en que matan a una niña inocente que ya no lo es. No sólo inauguró un género, sino una perspectiva y un icono del horror cotidiano, asfixiante y omnipresente, de la sociedad mercantil y de consumo. Aún saboreó la genuina sorpresa del ataque inicial en el cementerio de cuando la vi por primera vez. Hoy, The Night of the Living Dead en la Filmoteca de Catalunya.

El hombre lobo es un miedo atávico; las brujas, una producción ideológica eclesiástica medieval; Drácula, un eco del feudalismo durante el Romanticismo,; Mr Hyde, un reflejo freudiano, y la criatura de Frankenstein, la adaptación de Mary Shelley del monstruo antiguo a los tiempos de la electricidad. Pero el zombie es el espanto existencialista, el perfecto horror contemporáneo capitalista, cotidiano, omnipresente… las masas (muertas) en movimiento ciego,

«¿Por qué vienen todos hacia el centro comercial? Será porque aun mantienen un recuerdo del sitio que les dio mayor satisfacción en vida»

«¿Por qué vienen todos hcbia el centro comercial? Será porque aun mantienen un recuerdo del sitio que les dio mayor satisfacción en vida» (diálogo de los dos SWATs asesinos de inmigrantes caribeños y moteros muy vivos en El Amanecer de los Muertos Vivientes, segunda parte de la trilogía que, obviamente, culminaba en el enfrentamiento hawskiano y carpenteresco entre científicos y militares de El Dia de los Muertos Vivientes.


28 de marzo de 2023. Increíble, pero cierto 😉 La película favorita de George A. Romero, The Tales of Hoffmann (1951) de Michael Powell y Emeric Pressburger, hoy en Filmoteca de Catalunya http://www.filmoteca.cat/web/ca/film/tales-hoffmann @CsarBards Esteve Riambau Xavi Gaja


Artículo original para Fabián Salvador de Focus,
inspirado en el post de Histoire[s] du Cinema de 25 de febrero de 2023
 George A. Romero, The Walking Dead y la invención del zombie, las masas (muertas) en movimiento https://histoiresducinema.art/george-a-romero-the-walking-dead-y-la-invencion-del-zombie-las-masas-muertas-en-movimiento/

1.- La película, Night of the Living Dead

El hombre lobo proviene de un miedo atávico; las brujas, una producción ideológica eclesiástica medieval; Drácula, un eco del feudalismo durante el Romanticismo; Mr Hyde, un reflejo freudiano, y la criatura de Frankenstein, la adaptación de Mary Shelley del monstruo antiguo a los tiempos de la electricidad. Pero el zombie es el espanto existencialista, el perfecto horror contemporáneo capitalista, cotidiano, omnipresente… las masas (muertas) en movimiento ciego.

«¿Por qué vienen todos hacia el centro comercial? Será porque aún mantienen un recuerdo del sitio que les dio mayor satisfacción en vida» (Dawn of the Dead, George A. Romero)

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Muchas veces tendemos a interpretar un acontecimiento de forma anacrónica. Lo vemos en el contexto en que sucedió o adjuntamos a nuestra visión consecuencias que nosotros conocemos, pero que no podían ser previstas por los protagonistas. Esto es lo que suele suceder con la película conocida como La noche de los muertos vivientes, y acabaremos haciéndolo también nosotros con el fenómeno que ha supuesto, pero tratemos de empezar sólo trasladándonos a lo que fue su confección como producto

Hay que remontarse a finales de los años 60 en Pittsburgh, donde un inquieto grupo de jóvenes realizadores y productores de anuncios -al frente de los cuales estaba un veinteañero Georges A. Romero-, cansado del cortometraje comercial, por lo que se aventuró a hacerse la intrépida pregunta de la que están hechas las aventuras (y las catástrofes): ¿y por qué no (hacemos una película de terror)? Why not?

Producto del presupuesto

Lo más interesante es que de su composición y (falta de) recursos surgirían algunos de los rasgos esenciales que caracterizan al nuevo mito. De las carencias presupuestarias nacería la omnisciencia y versatilidad delante y detrás de la cámara de aquel puñado de creativos; cuando no estaban escribiendo diálogos o buscando dinero para seguir el rodaje (empezaron con 6000 dólares), John A. Russo, Russell Streiner, Karl Hardman y Marilyn Eastman interpretaban sus personajes, editaban el sonido o dormían en la mismísima destartalada granja que les prestaron gratis porque “total, ya estaba en ruinas”.

Sin embargo, los magros 114000 dólares que al final costó se convirtieron en 30 millones tras su estreno, lo que curiosamente la hace una de las más rentables de la historia (aunque sus autores no recibieron gran parte por una absurda renominación en el registro que les privó de su correspondiente copy right).  Pero lo más destacable es que todas aquellas estrecheces influyeron decisivamente en el estilo de pesadilla, pero muy realista, que adoptaría el género.

Partiendo, por ejemplo, de la iluminación. No sólo no podían pagar muchos focos, lo que contribuyó al ambiente tanto nocturno como en las escenas crepusculares, sino que afectó incluso a las copias para su distribución, para las que compraron el material más barato, lo que provocó que tuvieran mucho contraste; o hasta el parpadeo de los cielos y luces de muchas escenas de masa, que, junto con la elección consciente del blanco y negro, le ofrecen ese aspecto de documental o noticiero, que impregnaría a muchas de sus herederas, y en especial que abriría otro nuevo subgénero, el del false found footage (las imágenes halladas falsas, tipo The Blair Witch Project).

Este look povero alcanzaría a todo el resto de la producción. Es sabido que se utilizó sirope de chocolate para la sangre, y que toda la casquería de las vísceras de muertos y no muertos se la proveyó un carnicero local que, como todo el mundo implicado, cumplió varios papeles en la obra. Lo que pasa es que, a diferencia de las producciones baratas típicas de la época, de Roger Corman en EEUU, de la casa Hammer en el Reino Unido o de los giallo italianos, en este caso estas formas basadas en una ineludible economía de recursos se imbricarían en el fondo de la narración hasta constituir parte esencial del contenido de la narración

Originalidad del fenómeno

¿Y de dónde surgió este alucinante relato? Como en toda creación artística, hay unos hilos rojos que la unen con el pasado, pero que, al formar un nuevo nudo e incorporar una perspectiva inédita, son superados exponencialmente para formar un nuevo paradigma: el zombie (como decíamos, en su momento los autores no son conscientes de su rol futuro de demiurgos; por ejemplo, esta palabra no se utiliza en ningún momento de la película).

Hay mitos que han surgido colectivamente: los hombres lobos provienen de un miedo atávico; las brujas, son una producción ideológica eclesiástica medieval; Drácula, un eco del feudalismo durante el Romanticismo; Otros tienen padre o madre, pero también derivan de un contexto filosófico e histórico concretos: Mr Hyde (Stevenson), un reflejo freudiano; la criatura de Frankenstein, la adaptación de Mary Shelley del monstruo antiguo a los tiempos de la electricidad. Y el zombie (Romero) es el espanto existencialista (Sartre, “el infierno son los otros”), el perfecto horror contemporáneo capitalista, cotidiano, omnipresente… las masas (muertas) en movimiento ciego. «¿Por qué vienen todos hacia el centro comercial? ? Será porque aún mantienen un recuerdo del sitio que les dio mayor satisfacción en vida» (diálogo de los dos cínicos SWATs asesinos de inmigrantes caribeños y moteros muy vivos en El Amanecer de los Muertos, segunda parte de la trilogía –interpretados en el siempre innecesario remake de 2004 por los graníticos Ty Burrell y Ving Rhames- que, obviamente, culminaba en el enfrentamiento hawskiano y carpenteresco entre científicos y militares de El Día de los Muertos). Por cierto dicho centro comercial existe y es visitable. Está situado en Monroeville, Pennsylvania, y alberga un museo dedicado a los zombies en la cultura popular (que se trasladó de 2013 a 2020 a Evans City, PA, donde se filmó la primera parte de la saga).   

Y en concreto las brasas culturales subyacentes que generan esta lluvia de chispas serán, por una parte, la invasión y apropiación simbólica de Haití en 1915 por parte de los EEUU, y la novela distópica de mediados de los años 50 (envueltos en paranoia atómica) Soy Leyenda, de Richard Matheson. Hasta Romero, los zombis eran la encarnación del esclavismo sufrido por los negros haitianos convertida en ritos vudús de control del cuerpo de vivos y cadáveres recientes. Su influencia en EEUU llevó a la realización de ciertas películas aisladas como White Zombi (1932), con Bela Lugosi, y la archiconocida I walked with a Zombie (1943), de Jacques Tourneur. En cuanto al esquema literario que inspiraría y dejaría atrás Romero, Night of the Living Dead vendría a ser su segunda, no acreditada en muchos medios y sin vampiros, adaptación cinematográfica, tras El último hombre sobre la Tierra (1964), con Vincent Price, y antes de The Omega Man (1971), con Charlton Heston (y corramos un tupido velo sobre la cuarta versión, la única de título homónimo al escrito, con un improbable Will Smith como protagonista).

En pleno año 1968, estas cenizas aún calientes serían violentamente atizadas por el contexto político apocalíptico de fin del American Way of Life que tan clara (u obscura) mente se refleja en el film: la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles;  aunque para ser justos, y no crear otras “leyendas”, estamos adentrándonos en una interpretación a posteriori de la producción como hemos mencionado al principio, ya que tanto el actor, el suave y malogrado Duane Jones, como el director negaron repetidamente que la negritud del su piel afectara a su selección para el rol, aunque también han admitido que fueron conscientes del seísmo que suponía –Romero llega a declarar que sobre todo se dio cuenta tras oír del asesinato de Martin Luther King Jr. por la radio- y, desde nuestro punto de vista futuro, podamos advertir claramente que cambió totalmente muchos de los significados políticos, y sobre todo la acogida pública de su película.

Al fin y al cabo, los hechos son los hechos. A lo largo del metraje, efectivamente un hombre negro abofetea a una mujer blanca (no el primer mandoble interracial, hito que pertenece al otrora perfecto yerno Sidney Poitier en la estupenda En el calor de la noche de Norman Jewsion un año antes). A continuación el mismo negro mata a un blanco, insoportable todo hay que decir,  y acaba siendo asesinado por policías blancos (recuerdos del futuro). En medio, cadáveres de todos los colores se han entregado al canibalismo virulento, todos mezclados y la mitad en paños menores, tal vez el mayor pecado para una audiencia sureña contemporánea, y los supervivientes han asesinado a una ya no tan inocente, pero hasta entonces desvalida y angelical, niñita rubia…

En los siguientes años 40 años, Romero seguiría siempre ligado al universo que engendró y daría a luz, como director y guionista, a lo que a nuestro entender es una tetralogía y una dilogía (y no una hexalogía) sobre el tema, además de una digresión, The Crazies (1973) que le llevaría a ser padrino también del subgénero de los infectados.  La Noche (1986), el Amanecer (1978) y el Día (1985)son una espiral terrible hacia la perdida de la fe en el espíritu humano, en especial la fría profesionalidad homicida de los  dos agentes de la segunda y el conflicto, tan querido por Hawks, entre militares y científicos, o entre la Fuerza y la Razón, de la tercera. La cuarta, producida ya 20 años después, podría por fechas situarse como inicio de una segunda trilogía, pero realmente es el colofón del mundo y de la perspectiva, aún política, aún humana, de la primera: instalada ya plenamente en la distopía, el sistema capitalista ha revertido a un feudalismo despótico donde, como más adelante, cuando los Living se vuelvan los Walking y se pasen y paseen masivamente por televisión, es el  hombre el peor lobo para el hombre. Y lo más destacado de toda la saga, los zombies, “los otros”  que desde el Amanecer  han sido carne de cañón de los tiradores de sangre caliente, muestran destellos de inteligencia y de consciencia de clase, y de querer un lugar y una alternativa propia cuando se “organizan” y se alejan ¿voluntariamente? de la violencia liderados por Big Daddy. Igual por eso el posible juego de palabras del título, Land of the Dead. Parafraseando a   Emma Lazarus, “¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres. Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad, El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas. Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades“.

De todas maneras, todos recordaremos, saborearemos, siempre aquel primer escalofrío en que en un grisáceo cementerio, a pleno día, un individuo desgarbado y con los ojos vacíos se acerca a tu hermano que está haciendo el idiota… ¡y trata de morderle!

They’re coming to get you

2.- La persona, George A. Romero.

Con un colmillo retorcido aún más político que Cronenberg, George A. Romero fue el primero en utilizar el terror como escalpelo del American Way of Life, con ambientes amenazantes también de día, en espacios abiertos y con personas normales como «monstruos», en el que un negro es el héroe y ajusticia a un blanco insoportable, en que matan a una niña inocente que ya no lo es.

No sólo inauguró un género, sino una perspectiva y un icono del horror cotidiano, asfixiante y omnipresente, de la sociedad mercantil y de consumo.

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Como puede desprenderse de su apellido, George A. Romero (1940-2017) era de ascendencia hispana, con un abuelo nacido en la ría de El Ferrol y un padre de La Coruña. Sin embargo, no hablaba español, aunque se crio en el Bronx de Nueva York. Haciendo el viaje inverso al de Andy Warhol, de la Gran Manzana se trasladaría a Pittsburgh, donde estudió y comenzó su carrera como realizador de cortometrajes y anuncios.

Tal vez la propia falta de horizontes más allá de la bruma minera y de una tradición artística ajena a la furiosa actividad industrial de la conocida como “ciudad del acero” le llevara, como a John Waters en Baltimore o más adelante a Jim Jarmusch en Akron, a rebelarse y emprender una aventura creativa y el nacimiento de un turbulento imaginario que revolucionaría la ficción cinematográfica y literaria por venir.

Desde niño, sus cineastas de referencia eran Orson Welles y Michael Powell, y, como Waters  con El mago de Oz (1939), su película favorita era una barroca The Tales of Hoffmann (1951), del propio Powell, que revisitaba con frecuencia cuando el otro fan de la cinta, un tal Martin Scorsese, no la tenía alquilada. Paradójicamente, los prefería al “mago del suspense” Alfred Hitchcock, para el cual había trabajado a los 19 años como gopher nada menos que en el rodaje de Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959), pero que no le impresionó por su actitud mecánica y desapasionada a la hora de dirigir. Se dice que aparece, junto con Larry Cohen. el director de otra joya renovadora del horror (faceta los niños malvados), It’s Alive (1974), entre la multitud de la escena de la Grand Central Station. Con 16, uno de sus cortometrajes, ¡sobre geología! Le había valido un premio Future Scientists of America.

Creador de mitos

Ya desde su primera obra, Night of the Living Dead, se constituyó en un creador de géneros y subgéneros, por supuesto el de los zombies, pero también el de su variante de infectados (The Crazies, 1973), el formato cuasi documental del false found footage  (el estilo de la propia Noche.., y siguientes, pero sobre todo es  la base de Diary of the Dead, 2007), o incluso el de las aventuras anacrónicas medievales de ídolos juveniles (Los caballeros de la moto, 1981), que alcanzaría cotas de paroxismo con El ejército de las tinieblas/Evil Dead 3 (1992) de su proclamado sucesor, Sam Raimi, o Destino de Caballero (2001), con Heath Ledger. 

Y, sobre todo, inauguró el terror como instrumento de análisis y denuncia política en una industria asfixiada por la censura y el anticomunismo, resbaladizo atajo por donde luego transitarían con brillantez John Carpenter, Tobe Hopper o David Cronenberg, originario de Toronto, donde moriría Romero, canadiense por su tercer matrimonio.

Tanto por su forma, como por el fondo, como por los ritos que la primigenia producción impulso en sus protagonistas tanto vivos como muertos, Romero creó un universo, que va mucho más allá de propuestas ingeniosas, pero parciales (como la del asesino en el sueño de Wes Craven o la muerte inaplazable en la saga de Destino final), porque es coherente en su locura, plausible y cotidiano, y, sobre todo, porque está basado en una perspectiva crítica y pesimista, pero humanista al fin y al cabo.

Multifacético icono de la cultura popular

Con un cierto parecido físico con Stan Lee, el versátil Romero también se convirtió en un icono de la cultura popular estadounidense, colaborando con el maestro del terror Darío Argento y adaptando relatos y novelas de Stephen King como Creep Show o The Dark Half, y haciendo numerosas incursiones en todas las demás artes audiovisuales, tanto en el cómic con la propia Marvel como en el mundo de la televisión con Tales of the Darkside y hasta en el nuevo territorio de los videojuegos con Resident Evil a la cabeza, la versión para la gran pantalla de la cual declinó en dirigir en favor de Paul W. S. Anderson. Y no se abstuvo de mostrar su sardónico sentido del humor con el guiño de su cameo como uno de los carceleros de Hannibal lector en El silencio de los corderos (1991) de Jonathan Demme. 

Tres días antes de su muerte el 16 de julio de 2017, de cáncer de pulmón y a los acordes de la banda sonora de uno de sus films favoritos, El hombre tranquilo (1952) de John Ford, todavía trabajaba en un par de proyectos, una película de cierre de la segunda trilogía, Twilight of the Dead, para la que su esposa Susan estaba haciendo un casting de realizadores en 2021, y Road of the Dead, “algo así como The Fast and The Furious, pero con zombies” según Romero y “Mad max 2 se encuentra con Rollerball en una carrera de NASCAR, con una inspiración significativa de Ben-Hur” según Matt Borman, su ayudante de dirección y amigo desde Land… a Survival…  aunque al describir la trama como «una historia ambientada en una isla donde los prisioneros zombis hacen carreras de autos en un Coliseo moderno para el entretenimiento de los humanos adinerados» nos recuerde más a Death Race 2000 (1975) del propio Roger Corman, con David Carradine (Kung Fu) y el entonces poco conocido Sylvester Stallone, o su remake de 2008 Death Race, del propio Anderson, con Jason Statham y ambas… sin zombies. 

Puede que sea cierto lo que afirma Quentin Tarantino  de que la A en Georges A. Romero no era por Andrew, sino porque era “A fucking genius”.

José Iglesias Etxezarreta, 23 de marzo de 2023


28 de marzo de 2023. Increíble, pero cierto 😉 La película favorita de George A. Romero, The Tales of Hoffmann (1951) de Michael Powell y Emeric Pressburger, hoy en Filmoteca de Catalunya http://www.filmoteca.cat/web/ca/film/tales-hoffmann @CsarBards Esteve Riambau Xavi Gaja


30 de mayo de 2023. El próximo 22 de septiembre la productora Focus presenta en el Teatro Condal de Barcelona La Noche de los Muertos Vivientes Live, espectáculo interactivo y en la versión original autorizada por el legado de propio Georges A. Romero, que trabajó sobre su adaptación teatral, pero cuya muerte impidió que la llevara a cabo. Por lo que representa para mí su figura, estoy especialmente orgulloso de la https://lanochedelosmuertosvivientes.com/historia/ que me encargaron sobre las claves del autor y su obra y su impacto demoledor y duradero en la cultura, la mitología y la cinematografía posteriores.


Sangre y salsa en Nueva York – Jarmusch and Morrisey

Aunque es de Akron (Ohio), como Devo, Jim Jarmusch es un cineasta que le da a todss sus singulares incursiones en cada género cinematográfico una inconfundible pátina de «neoyorquinidad» (como los «abuelos» Morrisey o Scorsese) que parece heredera de lo mejor del cine experimental estadounidense. Hoy Only Lovers Left Alive en @filmotecacat.


31 de mayo de 2022. Nicholas Cage as a vampire.

La amenaza del otro: El extranjero y Sed de mal

Estamos en un tiempo en que prospera la xenofobia. «El infierno son los otros» (d)escribía Sartre en A puerta cerrada. Lo desconocido en un tiempo de incertidumbres amplificadas por redes y medios.

Se extiende interesadamente la Teoría del Señor Alcalde: «los mozos que provocaron la pelea no eran vecinos del pueblo». Los turistas encarecen «nuestros» pisos; los indigentes y los carteristas de fuera afean «nuestras» ciudades»; las prostitutas ajenas corrompen «nuestras» costumbres; los manteros degradan «nuestras» marcas y los piratas rebajan «nuestros» estándares… esos nebulosos anarquistas (siempre italianos, no se sabe si por eso más fieros) que inflaman hasta el disturbio «nuestras» pacíficas manifestaciones… Siempre un «Nosotros» (interclasista) frente al «Ellos». Los otros (…aunque al final igual resulta que los muertos somos nosotros y no Los Otros 😉

Además de enturbiar «nuestra» prístina sociedad, El Otro deviene también «el tormento que inflige la mirada ajena», el testigo insobornable por la comodidad de la integración. Así, aprendemos mucho más de la visión foránea, contaminada sólo por otras aspiraciones culturales. En España, por ejemplo, se convirtió en un género en el siglo XIX, con los George Borrow (The Bible in Spain, 1843), Richard Ford (Handbook for travellers in Spain, 1845), Prosper Merimée (Lettres D’Espagne, 1831-1833), Téophile Gautier (Voyage en Espagne, 1845), o Alexandre Dumas (Impressions de voyage, 1847-1848); y sus sucesores, los hispanistas anglosajones que en el XX vinieron a ver cómo nos especializábamos en desgarrarnos, como Ian Gibson, ‎Hugh Thomas, ‎Stanley G. Payne, ‎Raymond Carr o Paul Preston, y el estadounidense Herbert Rutledge Southworth, mentor del anterior. Incluso los tuvimos propios, haciendo un viaje de ida y vuelta, como José Cadalso y sus Cartas marruecas, o los exportamos, como Domingo Badía y Lerblich, más conocido como Ali Bey, y sus antecesores, que n o tuvieron que disfrazarse para ir a Meca porque eran musulmanes genuinos. «Desde Sevilla, como Ibn ‘Arabī, de origen murciano, o de Granada, como Ibn Ŷubayr, quizás nacido en Játiva, o Al-Sāḥilī, que nunca regresó a su tierra, o el matemático AlQalaṣādī, también de Murcia, de Córdoba o de Almería. Ibn Ŷubayr (1145-1217), padre de la rḥila legó luminosas crónicas sobre sus viajes, pieza indispensable para conocer la cultura, situación política y religiosa de los países del sur de Europa y Oriente Próximo en el siglo XII. Para ello tuvo que sortear tempestades y aventurarse por un mar Mediterráneo entonces nido de piratas y peligros de todo tipo. La historia del malagueño Ibn al-Bayṭār (1170-1248), que llegó a convertirse en visir y director de los jardines de Damasco, fue considerado el mejor médico y botánico de su época y uno de los sabios más influyentes de al-Andalus» (Todoliteratura).

Pero ¿qué sucede cuando los otros somos nosotros, un occidental atrapado en la lujuria orientalista? Que podemos enloquecer, como los personajes de Conrad, Coppola o Herzog, o, como en el caso que nos ocupa, sacar el animal que llevamos dentro. Esa sensación es la que embarga al Meursault de El extranjero de Camus y quien mejor lo ha reflejado ha sido el Mastroianni de Visconti (1967), tanto, que lo recuerdo en blanco y negro, cuando hay que recordar que, para llegar al estado de otredad que le lleva a cometer el crimen, es inundado y cegado por un Sol amarillo aplastante. El mismo Sol terrible que achicharra la escena en que «Sebastian Venable» es destruido y devorado por una jauría de jóvenes nativos en De repente, el último verano de Mankiewicz (1959). Ese mismo calor omnipresente día y noche que empapa la Sed de Mal de Welles (1946). No nos centraremos ahora en el majestuoso metraje y movimentos, ni en Heston o Dietrich, sino en la espesura de maldad (qué gran giro en la traducción al español del título) que se va cerniendo sobre la blanca protagonista, la «inocencia» vulnerada del personaje que interpreta Janet Leigh, frente a la cruda amenaza de la alteridad oscura de los sicarios mexicanos (aunque, con sus juegos de espejos, Welles hace que el «bueno» sea también latino y el magnífico Maligno de la película sea el «americano»), y como van tejiendo su trama, con unos rasguños coreográficos que no se volverán a ver hasta, digamos, el Asalto a la Comisaria del Distrito Trece de Carpenter. Una violencia y humillación larvadas que tendrá que ser el salvaje Peckinpah quien las lleve al paroxismo en Perros de paja (1971).

(Por cierto, aunque los extranjeros no son populares para muchos intolerantes, el título sí lo es repitiéndose a menudo en el cine, con, en los últimos años, hasta uno con Steven Seagal 😉 en 2003, con Jason Patric en 2016, y con Chan y Brosnan en 2017)


Hawks quiere decir halcones, Only Angels have Wings & Eraserhead’s watchmen

Mi clásico de Hollywood favorito es… Hawks. Hoy en la Filmoteca, Sólo los ángeles tienen alas, la mejor película de aviones desde el Wings de Wellman. Un grande en pantalla grande, y espero que en una copia mejor que la moribunda con la que me despedí de ella hace unos años (deseo que se cumplió con creces).

Only Angels have Wings, porque Hawks quiere decir halcones.

Y en un extraño deja vu precuélico me dió la impresión que ya había visto ese «hombre de la montaña» en el «hombre del planeta» de Ersaserhead

Ducornau, Kechiche y el neopuritanismo

Encuentro muy interesante en el marco del neopuritanismo actual (y la anulación interesada de las barreras entre representación y realidad que conlleva) saber si habrá un momento en que las actrices de Ducornau se rebelarán por las cosas que Julia les hace hacer como se dice que hicieron las de Kechiche por lo que tuvieron que soportar de Abdellatif. ¿Y en Pleasure, de Ninja Thyberg? Y pienso en la profesionalidad de las de Zulawski, de Adjani o Schneider no se oyó una queja, en las de Reygadas, o en la imagen que dio Lynch de Rosellini, en el tiempo en que era su propia mujer. O en las que fueron realmente atormentadas como las rubias de Hitchcock o, en suma, todos los actores de Kubrick.




13 de abril de 2022. La tarde de hoy en @filmotecacat podría definirse como «When Heavy Metal (magazine/film of the 80s) met Punk». Un desabrido e inquieto programa doble con el convulso Titane de Julia Ducornau y el documental híbrido sobre The Clash, Rude Boy (Hazan/Mingay).

4 de agosto de 2011. ¿Pero a que tipo de animal, burócrata posmoderno, se le ha podido ocurrir «London Calling» como himno olímpico? Y en este caso no tienen la disculpa de no saber inglés… El zombi de ojos amarillentos se tiene que estar muriendo de la risa… «London calling to the zombies of death ()and I don’t wanna shout But while we were talking, I saw you nodding out'»

Histoire sobre la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres de Boyle y Branagh.


Flesh & Chrome

Desde Kustom Kar Kommandos (Anger) y The Cars that Ate París (Weir) hasta Titane (Ducornau), pasando por Christine (Carpenter), la relación entre carne y cromo, flesh & chrome, se ha convertido en un imaginativo subgénero por si mismo. Hoy en @filmotecacat, Crash (Cronenberg), el epítome (en todas sus acepciones) de esta especie vampírica 😉


6 de mayo de 2022. Tengo mucho interés en ver Grave (hoy en @filmotecacat) para comprobar si Titane era puro fuego de artificio o si «beber» de David Cooper (antropólogo y antipsiquiatra que planteaba que el caníbalismo estuvo en la base de la «civilización») confirma que es una autora coherente, y prometedora que merece toda la atención suscitada en su corta carrera.

Daniel Urquijo Santana si, no creo que siga en sentido literal a Cooper, incluso es posible que ni lo conozca, pero es un caníbalismo que va más allá del sadismo o refinamiento de Hannibal, tiene un trasfondo cultural de pertenencia a la familia y de herencia genética que es muy Cooper, una idea de poder de transformación destructiva que me recordaba a La posesión de Zulawski o Inseparables, y un componente de adicción presente en Arrebato o Liquid Sky. Dicho esto, es una maravilla, me demolió y me hizo abrir los ojos por completo y me pareció incluso más convincente que Titane. Así que efectivamente, como tú dices, le prestaremos muuuucha atención, hay partido 😉

Grave/Voraz/Crudo, Julia Ducornau, 2016, Francia, Petit Film, Rouge International, Frakas Productions, Fuente: Cine Maldito

Themroc Today

2020 The year of the silence of the lambs

👁 📢 All our dreams have been reduced to zero (Godard). Después de 17 meses y un día de inERTE, ayer me reincorporé al trabajo tras un período fructífero que ha producido dos libros, un documental y los cimientos de un centro de estudios, además de un web propio sobre cine y política que verá la luz en septiembre. Mientas que a nivel individual y familiar no puedo más que estar satisfecho (en parte gracias a ese invento que mi padre trajo a España, la renta básica), a nivel colectivo considero que han sido meses de oscuridad, profundamente inquieto por la rapidez e impunidad con que se han erosionado las pocas libertades que se habían ganado al sistema, el desarrollo del germen del fascismo cotidiano basado en el miedo y el egoísmo, y, sobre todo, espantado ante la complicidad y el silencio de los corderos camino del matadero…. Por mi trayectoria profesional y política me he visto a menudo obligado a prever muchas líneas de actuación y escenarios futuros, pero no llegué a ser capaz de pensar que hubiera tantos y, menos, que algunos iban a ser tan cercanos. Y lo peor, pese a esta sordina final, es que el poder ha tomado buena nota de su aquiescencia, así que toda ese aislamiento e impotencia que se está sufriendo es simplemente un precedente del triunfo del totalitarismo y la destrucción definitiva de la consciencia colectiva y de clase que se anuncia. En este sentido, todo esto sí ha sido un enorme experimento, no provocado pero sí derivado y aprovechado por el capitalismo, una gigantesca distopía, para su pervivencia y nuestro sometimiento y ulterior desaparición como especie pensante y capaz de llevar a cabo las más bellas utopías.

«It is by no means an irrational fancy that, in a future existence, we shall look upon what we think our present existence, as a dream.»

Edgar Allan Poe, in an 1849 article about his poem «A dream within a dream«

Jean-Luc Godard, Ici et ailleurs, 1976:

How does capital function?
A bit like this, perhaps
Someone poor and a zero equals someone less poor
Some one less poor and again a zero equals someone even less poor
Someone even less poor and again a zero equals someone richer
Someone richer and again a zero equals someone even more rich
Someone even more rich and again a zero equals someone even richer again
Capital functions like that
At a given moment it adds up, and what it adds up are zeros, but zeros that represent tens, hundreds, thousands of you(s) and me(s).
So not really zeros after all, the capitalist would say
We must see, learn to see that when the times comes to add up all the defeats and the victories, very often we have been fucked and we’ve been fucked because we, I, didn’t want to see, you, she, he, nobody wanted to see that alltheir dreams are represented… he didn’t want to see that all his dreams are represented at a given moment, givena nd taken back, by zeros that multiply them. Yes, but as they’re zeros, they multiply and simultaneously cancel out; and we haven´t had the time to see that it’s at that moment, at that place, that our hopes have been reduced to zero»
Colin MacCabe, Godard: Images, Sounds, Politics. The MacMillan Press, 1980,

Publicado originalmente el 26 de marzo de de 2020


Texto original de Jacobo Sucari (marzo de 2020, uno de los primeros en reaccionar ante el cariz descarado de lo que se venía): Después de 12 días de confinamiento solitario, me levanto por la mañana y me siento fuerte y bien dispuesto. Descanso suficiente tiempo, mis desayunos son frugales. En el desayuno leo el periódico y veo que todo va cada vez peor. Hay algo aquí que va mal entre el mundo y yo, entre yo y el mundo. Cada día en mi confinamiento, escribo, hago mis ejercicios, mi trabajo on line y sin embargo ahí fuera aumentan los contagios y los muertos. Me pregunto: ¿Qué sucede? Los hospitales se declaran colapsados, la diezmada sanidad social no da a basto, el personal sanitario está extenuado. Sin embargo el resto de la población está en casa sin hacer nada. Miles de personas, centenares de miles de jóvenes a quienes en apariencia el virus apenas afecta están encerrados en sus casas. ¿Pero qué tipo de estrategia epidemiológica es esta que dilapida tanta cantidad de energía de la propia población para curar a la población? Desde hace más de un siglo el proceso de concentración del estado ha ido segregando la educación de la propia comunidad, a la salud de la propia conciencia ciudadana sobre la potestad de su cuerpo. Han ido poniendo batas blancas y delimitando quien sabe y quién no sabe. Así en todas las actividades sociales donde un profesional tiene que contar con los certificados necesarios para poder actuar, certificados y papeles para ser, certificados y papeles para vivir. Nos pasamos el día rellenando certificados ¿Pero qué sucede hoy en esta epidemia, hay que tener un master en epidemiología para poder atender a los enfermos, dar una inyección, poner una mascarilla, mover camas, tranquilizar a la gente? Parece que este virus nos está haciendo ver lo absurdo de las instituciones que hemos ido montando con su especialización delirante, sus certificados y burocracia, con la población dependiente de los médicos, sus fármacos y vacunas. La estrategia epidemiológica que se está siguiendo parece querer ser el punto final de la gangrena social, la inmovilidad de todos los recursos energéticos corporales, la desaparición de la acción comunitaria. La inmovilización de la población tiene sus consecuencias para la vida. Parecería entonces que ya nada nos concierne, lo nuestro es esperar en casa a que quienes saben, solucionen lo que de hecho han ido generando desde hace años otros que también dicen saber, a partir del colapso medioambiental y la pauperización de los servicios sociales, la educación, las materias primas. ¿No sería posible poner en movimiento las energías civiles en vez de encerrarnos, sobre todo en todos aquellos lugares donde la pandemia recién está comenzando? ¿Seguiremos con la misma lógica a pesar de que contamos a los muertos por miles? ¿Continuará esta estrategia del encierro para una pandemia planetaria que se va extendiendo y que ahora recién comienza en otros lugares

The Thing. Of good and evil, bourbon and vodka and the Cold War

Sobremesas 80s de festivo. Recordando a mis hijos que una de las cosas que más impactaba de The Thing de Carpenter (aparte de la banda sonora de Morricone, el increíble reparto, la tensión perfecta del relato, los guiños a la Guerra fría en las bebidas de los protagonistas) era un cierto relativismo reflejo de la podredumbre moral, pero poco común en películas «de acción», de la época y que además me ha propulsado a la actual: el miedo y la lucha por la supervivencia pueden «llevar a los buenos a hacer cosas malas» (entre otras, Russell ejecuta a un par de sus amigos que ni siquiera están contaminados, salvan al monstruo cuando se les presenta en formas de Naturaleza inocente («creo que vi un lindo perrito»), y entre todos destierran y condenan a la infección al más lucido de ellos que es quien precisamente les avisa). Del original de Hawks, me quedo sobre todo con el humor: «¿has podido fotografiarlo? Si, al caer he tomado parte del techo y mi pie»). De la de los productores del remake de Amanecer de los muertos, me quedo con la infantil curiosidad de la precuela y la imprescindible (ya tardaban) reivindicación de los noruegos y sus pedazos cronenberguianos de video granuloso alrededor de la fosa del platillo. Y un gusto volver a ver las pesadillas de uno de mis creadores de criaturas (junto al Rambaldi de La posesión) favorito: Rob Bottin (pronúnciese todo seguido ;-), caracterizado durante el rodaje en la cuarte foto adjunta.


25 de junio de 2022. Si, si, ya sé, que si Blade Runner, que si «yo he visto cosas que no podéis llegar a imaginar» (eh, atentos, que yo hasta lloro cuando Rutger Hauer declama su pieza), pero hace 40 años también se estrenó un film de mucha más ambigüedad moral, una versión, que no remake, de un grande por otro grande, que convirtió ambos films en clásicos complementarios.


6 de septiembre de 2022. Casualmente, hoy he comenzado a trabajar en la parte alta de la ciudad… y la mayor parte de los niños que iban al cole en grandes coches ¡eran rubios! Será que el dinero activa algún tipo de gen mutante o de sustancia decolorante. ¡Qué lucidez la de Carpenter en The Thing, They live y Village of the Damned.

Village of the Damned, John Carpenter, 1995, EEUU, Universal Pictures, Fuente: Espinoff

18 de abril de 2023. En La Cosa de Carpenter los humanos beben whisky y los posibles infectados, vodka. Puede ser casualidad o un guiño a las películas de terror de la Guerra Fria ¿Alguien puede desarrollarlo?

El uso de iPhones por parte de ‘villanos’ en películas y series.