Kippur / Rabin, or Never Hebrew sounded sweeter

28 de enero de 2022. Zirat Ha’Rezach (La arena del crimen), uno de los dos documentales de Amos Gitai sobre el asesinato del primer ministro israelí Yitzhak Rabin, rodado con su frenético e inconfundible estilo patchwork, idóneo para registrar el impacto inmediato de uno de esos sucesos que frenan impunemente los procesos de paz. Hoy, en la Filmoteca de Catalunya

Aviv Effen against Zionism in Gitai’s The Arena of Murder,
or Never Hebrew sounded sweeter

29 de enero de 2022. Iniciamos un segundo doblete de Amos Gitai con Kippur, souvenirs de guerre (1996/2000), en el que rememora un evento traumático al que hace referencia en muchos films, el derribo de su helicóptero en los Altos del Golán durante la guerra homónima, y el significado simbólico, el espejo social, que extrae del desarrollo del suceso. Hoy y el jueves en la Filmo

1 de febrero de 2022. 18 años después y en el tercer doblete de este ciclo, Gitai vuelve con Bait be Yerushalayim (1998) a la casa (bait) de su primera película, donde «obreros palestinos, descubren yacimientos arqueológicos judíos, que más tarde serán utilizados para legitimar la expulsión de los palestinos». Mañana, aperitivo vespertino en la Filmo con el que entretendremos la espera para el comienzo del ansiado antología dedicada a Mikio Naruse.

En Construcción – Guerín / Desturir i constuir – Sucari


24 de septiembre de 2025. Ahora que tanto se habla de Hamas y Gaza (como si los palestinos además fueran menores de edad sin derecho a elegir democráticamente su propio gobierno), siempre interesa obviar lo que sucede en Cisjordania, sucedía antes del 7-O (como mis hijos pudieron atestiguar hace un par de años en los campos de refugiados):y está sucediendo cada vez más. Y ahí no gobiernan los islamistas, la gran excusa, sino una fuerza unitaria y laica. Por eso, qué mejor oportunidad para denunciar la hipocresía de Occidente y sus censuras y prohibiciones como en el Reino Unido o EEUU y asistir a la proyección de No Other Land, del colectivo Hamdan Ballal, Yuval Abraham, Basel Adra, Rachel Szor (uno de los frutos de la semilla Barenboim-Said y que enorgullece tanto a los Gitai-Sucari como, por su Óscar, a la admirable resiliencia de la sociedad civil estadounidense, como se ha visto en el boicot anti-Disney que ha devuelto a Jimmy Kimmel a las ondas). Hoy, en el ciclo de repesca de Filmoteca de Catalunya.

Gaza, Israel, Gitai and Sucari

There are certain Jewish and Israeli filmakers like Amos Gitai or Jacobo Sucari that pay the heavy price of offering a critical point of view of the Occupation.

I have had the pleasure of working with both. I translated Amos during his first visit to Barcelona, when we both were very young, and I was a frontline witness to the strong emotions involved when an old lady, a camps’ surivovr, shouted and showed us her rprisoner number tatoo. On the other hand, I am long time friend of Jaco and helped to produce his documentary on the remains of the Sapnish Transition, The Heroes’ Dream.

Y en ese silencio atronador se oirá a @RaholaOficial gritando «¡escudos humanos, escudos humanos, escudos humanos!» que es la gran excusa para que los asesinos sionistas bombardeen escuelas y hospitales. Imagino que es lo que decía Himmler cuando destruían el gueto de Varsovia mientras los «terroristas judíos» trataban de defenderse con armas cortas.

Apichatpong Weerasethakul, Tsai Ming-liang y Edward Said, la voz inquebrantable

Lo más interesante del cine de lo que llevamos de siglo proviene sin duda de Oriente, con su visión punzante y desolada y densas texturas. Hoy en la Filmoteca, Sud Pralat/Tropical Days, del tailandés Apichatpong Weerasethakul, y el domingo, Rizi/Días, del taiwanés Tsai Ming-liang.



3 de mayo de 2022. Si estuviéramos en los 60 seguramente habría surgido un crítico que hubiera calificado de nuevas olas asiáticas a la variedad y riqueza del cine contemporáneo que nos viene de ese continente, directores que comparten una «epitelialización» de las texturas (son películas que parece que pueden tocarse) a través de tratamientos extremos del color, ya sea denso o difuminado, para transmitir la pulsión fatalista que recorre sus meandros. El ejemplo perfecto de esa vocación de trascendencia transfronteriza, de universalidad en la diversidad, sería la representación a varias voces y varios lenguajes (incluyendo la vibrante escena final con los impactos secos de una lengua de signos desesperada, «Nosotros viviremos») del Tio Vania de Chéjov en Drive My Car de Hamaguchi).

Hoy Chun jiang shui nuan/Dwelling in the Fuchun Mountains, de Gu Xiaogang, en la Filmoteca de Catalunya.


Said, la voz inquebrantable

Buscando el texto de referencia sobre Orientalismo, de Edward Said, para el espacio que estoy preparando sobre cine (y política, y arte… 😉 he encontrado el borrador del artículo que le dediqué con ocasión de la muerte de ese gran filósofo universal, y activista, y viendo la vigencia de la tragedia indescriptible que azota al pueblo palestino lo traigo hoy a la palestra (en su momento, tuve el triste honor de que lo citaran en su Archive con ocasión de su publicación en la revista salvadoreña Vértice el 19 de octubre de 2003).

Cuando paseamos por las ventosas y asoleadas avenidas de Johannesburgo, con sus nombres de los verdugos y las víctimas aún colgando, símbolos abofeteadores de que el país es fruto de un pacto entre el antiguo régimen y la población para acabar con el horrendo crimen institucional que supuso el apartheid, y vemos a los antiguos enemigos, como en El Salvador, enfrentados, pero dialogantes, incluso sonrientes, en el Gobierno y en el Congreso, puede soñarse que algún día podamos pasear igualmente por las calles de Gaza o de Haifa, y se mezclen en el callejero, como soñaron Said y Barenboim, los nombres judíos y árabes. Ese día pienso romper mi aversión a visitar el Estado religioso, belicoso e intolerante de hoy y espero poder caminar por la calle que su pueblo le dedique. Seguro que tendrá banquitos al sol, de ésos que invitan a sentarse a practicar su deporte favorito: reflexionar. Ahí le esperaré, Said, ahí le esperaré.

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Los viajes imaginarios de Jacobo Sucari

Cuando ayudé a producir su documental sobre la Transición y lo que quedaba de ella, El somni dels herois, pude conocer personalmente a Jacobo Sucari, a quien hasta entonces había admirado, desde La lucha por el espacio urbano y como creador lúcido y punzante como un estilete. A partir de ahí, me ha dejado, a veces, aproximarme a su carácter, fuerte, mordaz, y disfrutar de su genio, renacentista, como músico, performer, videoartista o cineasta, profesor y escritor, versátil, pero diría que coherente en su aproximación total a las artes como instrumento de crítica, reflexión y gozo. Hoy en el Palacio de la Virreina podremos contemplar esos tres relatos audiovisuales que seguramente han escapado del bosque animado de Los proyectos frustrados que bullen constantemente en su cabeza y en la punta de sus dedos.


Israel on my mind es un documental bellísimo e hipnótico, herzoguiano, pero a la vez desolador y desesperanzado,
inspira una sensación de infinita tristeza.

An inseparable part of understanding Citizenship here is that part of it is ignoring the Occupation», Lance Hunter.