Mandela’s Free. With Kathrada in Robben Island and Madiba’s farewell adress

5 de diciembre de 2013. Gracias Madiba hasta el final, por tu estatura, por tu coherencia… porque llevo mucho tiempo con ganas de llorar y hasta hoy no lo había conseguido… hasta en esto nos hemos ayudado. No creo, pero espero que algún día nos veamos en las largas llanuras y en las tierras rojizas de África… libres amigos. Engels ante la tumba de Marx: «Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento».

Esta canción tuve la suerte de oírla por primera vez en el Concierto Mandela de Londres, y luego protagonizar un agónico problema de protocolo entre dos amigos como Jim Kerr y Mandela en el Palau Sant Jordi en que pensé que todo lo que habíamos hecho para conseguir llevar a cabo un Festival Mandela en Barcelona se iría al carajo como el que había montado infructuosamente en Madrid, ¿te acuerdas (…).

17 de diciembre de 2013. «No he perdido un amigo, he perdido un hermano, mi vida está en un vacío y no se a quién dirigirme», discurso de despedida a Nelson Mandela de Ahmed Kathrada. Kathrada fue compañero de lucha, juicio y prisión de Madiba. He tenido la increíble suerte de disfrutar de su coraje, su ejemplo y su amistad cuando fuí su jefe de prensa en España en 1991. Kathrada es director del complejo de Robben Island, la cárcel en que estuvieron juntos casi dos décadas y hoy día Parque Natural y Patrimonio de la Humanidad, que abrió para mí en 2001 y en la que nos tomamos esta foto como dos hermanos homeless.

6 de diciembre de 2021. El día 15 se cumplen ocho años del funeral de Nelson Mandela y del precioso/preciso discurso de despedida de mi bello amigo, Ahmed Kathrada, quien cuatro años después también se iría con, como él decía, a reunirse «el equipo A» de la lucha por la libertad, desde Fisher a Sisulu, de Luthuli a Tambo, de Biko a Joseph, de Suzman a Slovo…

I haven’t lost a friend, I have lost a brother (…). When Walter [Sisulu] died, I lost a father, and now I’ve lost a brother, my life is in a void and I don’t know who to turn too»

Ahmed Kathrada, 15 de diciembre de 2013, Sudáfrica


I judge politicians by their speeches and by their facts. By their speeches I value their words (sublime like in the case of Obama); by their facts I value their actions (very few cases to mention). Kathrada’s adress was not a speech, it was a beautiful and intimate farewell for a brother for more than 67years: «I haven’t lost a friend, I have lost a brother (…) When Walter (Sisulu) died, I lost a father, and now I ‘ve lost a brother, my life is in a void and I don’t know who to turn too».

Anti-apartheid activist Ahmed «Kathy» Kathrada talks during a tribute to his close friend and former South African President Nelson Mandela at Gandhi Hall on Dec. 8, 2013, in Johannesburg. Kathrada died on Tuesday at 87.

Description d’un combat, description of a memory

📢 Hemos diseccionado muchas veces las aproximaciones alternativas de Sucari, Said o Guitai a los destrozos y los dead end del apartheid israelí. Hoy en la Filmo nos remontaremos a la frescura fundacional del socialismo hebreo y sus promesas con Description d’un combat del Marker temprano de las visitas ilusionadas a los antagonistas de la Guerra Fría (la URSS, China…), a veces con un punto de ingenuidad infantil aunque toque ya, desde el propio título, todos los temas que se harán pesados. y lo que queda del día después de tanta guerra y decepción del recorrido en sus pasos de Geva con la interesantísima Tza’ad Revi’i La’matbe’a (Descripción de una memoria).

Apichatpong Weerasethakul, Tsai Ming-liang y Edward Said, la voz inquebrantable

Lo más interesante del cine de lo que llevamos de siglo proviene sin duda de Oriente, con su visión punzante y desolada y densas texturas. Hoy en la Filmoteca, Sud Pralat/Tropical Days, del tailandés Apichatpong Weerasethakul, y el domingo, Rizi/Días, del taiwanés Tsai Ming-liang.



3 de mayo de 2022. Si estuviéramos en los 60 seguramente habría surgido un crítico que hubiera calificado de nuevas olas asiáticas a la variedad y riqueza del cine contemporáneo que nos viene de ese continente, directores que comparten una «epitelialización» de las texturas (son películas que parece que pueden tocarse) a través de tratamientos extremos del color, ya sea denso o difuminado, para transmitir la pulsión fatalista que recorre sus meandros. El ejemplo perfecto de esa vocación de trascendencia transfronteriza, de universalidad en la diversidad, sería la representación a varias voces y varios lenguajes (incluyendo la vibrante escena final con los impactos secos de una lengua de signos desesperada, «Nosotros viviremos») del Tio Vania de Chéjov en Drive My Car de Hamaguchi).

Hoy Chun jiang shui nuan/Dwelling in the Fuchun Mountains, de Gu Xiaogang, en la Filmoteca de Catalunya.


Said, la voz inquebrantable

Buscando el texto de referencia sobre Orientalismo, de Edward Said, para el espacio que estoy preparando sobre cine (y política, y arte… 😉 he encontrado el borrador del artículo que le dediqué con ocasión de la muerte de ese gran filósofo universal, y activista, y viendo la vigencia de la tragedia indescriptible que azota al pueblo palestino lo traigo hoy a la palestra (en su momento, tuve el triste honor de que lo citaran en su Archive con ocasión de su publicación en la revista salvadoreña Vértice el 19 de octubre de 2003).

Cuando paseamos por las ventosas y asoleadas avenidas de Johannesburgo, con sus nombres de los verdugos y las víctimas aún colgando, símbolos abofeteadores de que el país es fruto de un pacto entre el antiguo régimen y la población para acabar con el horrendo crimen institucional que supuso el apartheid, y vemos a los antiguos enemigos, como en El Salvador, enfrentados, pero dialogantes, incluso sonrientes, en el Gobierno y en el Congreso, puede soñarse que algún día podamos pasear igualmente por las calles de Gaza o de Haifa, y se mezclen en el callejero, como soñaron Said y Barenboim, los nombres judíos y árabes. Ese día pienso romper mi aversión a visitar el Estado religioso, belicoso e intolerante de hoy y espero poder caminar por la calle que su pueblo le dedique. Seguro que tendrá banquitos al sol, de ésos que invitan a sentarse a practicar su deporte favorito: reflexionar. Ahí le esperaré, Said, ahí le esperaré.

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