Estamos en un tiempo en que prospera la xenofobia. «El infierno son los otros» (d)escribía Sartre en A puerta cerrada. Lo desconocido en un tiempo de incertidumbres amplificadas por redes y medios.
Se extiende interesadamente la Teoría del Señor Alcalde: «los mozos que provocaron la pelea no eran vecinos del pueblo». Los turistas encarecen «nuestros» pisos; los indigentes y los carteristas de fuera afean «nuestras» ciudades»; las prostitutas ajenas corrompen «nuestras» costumbres; los manteros degradan «nuestras» marcas y los piratas rebajan «nuestros» estándares… esos nebulosos anarquistas (siempre italianos, no se sabe si por eso más fieros) que inflaman hasta el disturbio «nuestras» pacíficas manifestaciones… Siempre un «Nosotros» (interclasista) frente al «Ellos». Los otros (…aunque al final igual resulta que los muertos somos nosotros y no Los Otros 😉
Además de enturbiar «nuestra» prístina sociedad, El Otro deviene también «el tormento que inflige la mirada ajena», el testigo insobornable por la comodidad de la integración. Así, aprendemos mucho más de la visión foránea, contaminada sólo por otras aspiraciones culturales. En España, por ejemplo, se convirtió en un género en el siglo XIX, con los George Borrow (The Bible in Spain, 1843), Richard Ford (Handbook for travellers in Spain, 1845), Prosper Merimée (Lettres D’Espagne, 1831-1833), Téophile Gautier (Voyage en Espagne, 1845), o Alexandre Dumas (Impressions de voyage, 1847-1848); y sus sucesores, los hispanistas anglosajones que en el XX vinieron a ver cómo nos especializábamos en desgarrarnos, como Ian Gibson, Hugh Thomas, Stanley G. Payne, Raymond Carr o Paul Preston, y el estadounidense Herbert Rutledge Southworth, mentor del anterior. Incluso los tuvimos propios, haciendo un viaje de ida y vuelta, como José Cadalso y sus Cartas marruecas, o los exportamos, como Domingo Badía y Lerblich, más conocido como Ali Bey, y sus antecesores, que n o tuvieron que disfrazarse para ir a Meca porque eran musulmanes genuinos. «Desde Sevilla, como Ibn ‘Arabī, de origen murciano, o de Granada, como Ibn Ŷubayr, quizás nacido en Játiva, o Al-Sāḥilī, que nunca regresó a su tierra, o el matemático AlQalaṣādī, también de Murcia, de Córdoba o de Almería. Ibn Ŷubayr (1145-1217), padre de la rḥila legó luminosas crónicas sobre sus viajes, pieza indispensable para conocer la cultura, situación política y religiosa de los países del sur de Europa y Oriente Próximo en el siglo XII. Para ello tuvo que sortear tempestades y aventurarse por un mar Mediterráneo entonces nido de piratas y peligros de todo tipo. La historia del malagueño Ibn al-Bayṭār (1170-1248), que llegó a convertirse en visir y director de los jardines de Damasco, fue considerado el mejor médico y botánico de su época y uno de los sabios más influyentes de al-Andalus» (Todoliteratura).
Pero ¿qué sucede cuando los otros somos nosotros, un occidental atrapado en la lujuria orientalista? Que podemos enloquecer, como los personajes de Conrad, Coppola o Herzog, o, como en el caso que nos ocupa, sacar el animal que llevamos dentro. Esa sensación es la que embarga al Meursault de El extranjero de Camus y quien mejor lo ha reflejado ha sido el Mastroianni de Visconti (1967), tanto, que lo recuerdo en blanco y negro, cuando hay que recordar que, para llegar al estado de otredad que le lleva a cometer el crimen, es inundado y cegado por un Sol amarillo aplastante. El mismo Sol terrible que achicharra la escena en que «Sebastian Venable» es destruido y devorado por una jauría de jóvenes nativos en De repente, el último verano de Mankiewicz (1959). Ese mismo calor omnipresente día y noche que empapa la Sed de Mal de Welles (1946). No nos centraremos ahora en el majestuoso metraje y movimentos, ni en Heston o Dietrich, sino en la espesura de maldad (qué gran giro en la traducción al español del título) que se va cerniendo sobre la blanca protagonista, la «inocencia» vulnerada del personaje que interpreta Janet Leigh, frente a la cruda amenaza de la alteridad oscura de los sicarios mexicanos (aunque, con sus juegos de espejos, Welles hace que el «bueno» sea también latino y el magnífico Maligno de la película sea el «americano»), y como van tejiendo su trama, con unos rasguños coreográficos que no se volverán a ver hasta, digamos, el Asalto a la Comisaria del Distrito Trece de Carpenter. Una violencia y humillación larvadas que tendrá que ser el salvaje Peckinpah quien las lleve al paroxismo en Perros de paja (1971).
(Por cierto, aunque los extranjeros no son populares para muchos intolerantes, el título sí lo es repitiéndose a menudo en el cine, con, en los últimos años, hasta uno con Steven Seagal 😉 en 2003, con Jason Patric en 2016, y con Chan y Brosnan en 2017)
Histoire[s] du Cinéma, presentación de un espacio sobre Cine=images+sounds, … and Politics
Un nuevo web de José Iglesias Etxezarreta
Ah, Jesus, the days that we have seen, Sir John!
Frase inicial de Campanadas a medianoche, Orson Welles
El 28 de diciembre de 1895 en París (Francia), los hermanos Louis y Auguste Lumière ofrecen la primera exhibición pública de su cinematógrafo. También es el cumpleaños de mi hijo Ian y ayer mi padre cumplió 90 años. En un orden de cosas infinitesimalmente más pequeño, hoy presento un proyecto en que vengo trabajando todo este último año y que espero sirva como eje para mi futuro trabajo expresivo y militante. Consiste en un web sobre cine entendido como images + sounds + politics (Colin MacCabe, 1980). La iniciativa se remonta al momento en que me di cuenta que contestaba a imágenes con imágenes e interpretaba películas a través de otras películas y obras de arte. En homenaje al inventor de este método, Jean-Luc Godard, lo he llamado Histoire(s) du Cinéma (https://histoiresducinema.art/).
Se desarrolla sobre los siguientes ejes:
Consciencia (de cine) de clase/Medvedkin-Kózintsev-Watkins. El intento de contribuir a volver a colectivizar un arte que se ha ido convirtiendo en una experiencia básicamente individual. He escrito a menudo contra la trampa de la nostalgia, la cual, como lo políticamente correcto o el nacionalismo, fundamenta su adhesión en mitos y cuya mecánica se fundamenta en el wishful thinking de masa (convertir deseos en realidades exclusivamente por nombrarlas) por lo que lejos de mí sostener que existe un pasado ideal del cine como instrumento político y vital de transformación. Pero el componente “popular” que se le destaca proviene sobre todo de la forma de consumo colectivo y de producción de equipo que le caracteriza. Sólo en sala/carpa, el cine es cine. Si no, es algún otro tipo de audiovisual, por rico y emancipador que sea. Como el gran público con los videoclubes, o ahora con las plataformas digitales que llegan donde el ajado sistema de distribución física no lo hace, de pequeño me aficioné a los grandes clásicos de la pintura a través de los pases vespertinos de diapositivas de ms padres, que estimularon, pero nunca han podido sustituir los originales. No hace falta recurrir a la pipa de Magritte para afirmar que una fotocopia, un grabado e incluso una fotografía en alta resolución de La cena en Emaús de Rembrandt, no es La cena de Emaús de Rembrandt tal y como puede experimentarse en el Musée Jacquemart-André de París.
Colectividad y Colectivismo/Lumière-Pasolini. No existe ningún tempo mejor al que volver pero sí reivindico la existencia tremendamente valiosa de un hilo rojo de colectividad subyacente en la experiencia cinematográfica (que lucha contra el creciente solipsismo social al que nos impulsa el capitalismo para controlarnos con los enemigos externos de la guerra contra las drogas, la guerra contra el terror o la erradicación del virus: tener que salir del espacio doméstico, cruzar el espacio urbano, reunirse en una multitud no vociferante, que escucha, siente y piensa, aprehende y propone, en cierto silencio, con el proyector a las espaldas como en la caverna, y que luego – La Salida de los Espectadores de la Sala– interactúa de manera ruidosa y con alegría e intercambia puntos de vista y reflexiones…) y de colectivismo en su realización que apunta al futuro no cataleptizante de un arte militante. He querido en el web tratar de reproducir esas conversaciones de bar, El Tercer Tiempo del rugby, factor sin el cual la propuesta cinematográfica se frustra de forma onanista, en las que se salta con pasión y sin freno de una reminiscencia fílmica a otra sobre un elemento común, por diminuto que sea, entre ambas, y que además sirven para no olvidar las “lecciones” aprendidas.
¿Se considera usted un continuador o un rupturista? Yo me considero un continuador de la ruptura
Jean-Luc Godard
Dialéctica/Godard-Eisenstein-Vértov. Esta caleidoscópica dialéctica icónica postcoital, tras el encuentro corporal de varios pares de ojos y mentes, con la obra en pantalla, se suma a los dos grandes motores de esta web. De Platón a Marx, la dialéctica de las ideas y las imágenes han movido el mundo, y sólo pretendo, en la medida de mis minsas capacidades, hacer entrechocar imágenes y sonidos, y políticas, entre ellas para recontextualizarlas descontextualizándolas, es decir, sacarlas de su espacio y orden en la obra de origen, retorciéndolas y forzándolas a relacionarse con otras huérfanas, de esta manera, hacer que, al relacionarse con otras, por motivos, no azarosos, pero subjetivos –en la estela de Heartfield o Renau, yo las asocio por un motivo clave, por una iluminación personal propia, pero no espero que el espectador coincida, al contrario, espero que alcance su propia interpretación de esa relación-, revivan, haciendo aflorar nuevos significados y hacer evidentes otros hilos rojos, conscientes o no, entre ellas (alla maniera di Brakhage o Anger, de Le Livre d’image o de Ne croyez surtout pas que je hurle). Y si quiere sumarse a la catarata de diálogos significativos, contribuya con su aportación, comente, cuestione, discuta, maldiga…
Le flâneur y la durée/Benjamin-Vigo-Andersson-Angelopoulos. Estas dialécticas de las imágenes, los sonidos, y las políticas, se ve complementada por una tercera que aporte una visión coral, tal vez dodecafónica, pero no una cacofonía, la resultante de la interacción cultural de las perspectivas y los ritmos. Excepto en Bande à part, no corremos por los museos, n’est ce pas? Ni jugueteamos frenéticamente con los instrumentos cortantes. Este lugar es un espacio abierto para disfrutar, y para investigar, como en L’Hypothèse du tableau volé de Raoul Ruíz. Tómese su tiempo. Si te gusta una imagen, clica en ella, disfrútala, no la consumas precipitadamente, como cuando volvemos a aprender a mirar durante el interminable aterrizaje en Fata Morgana de Herzog, y, si quieres saber más, adéntrate, no te desplaces, estéril, lateralmente como acostumbran las redes sociales, clica en el enlace que aparece en su fuente. Descubrirás otros, cientos, de puntos de vista, no siempre coincidentes con el del autor y la mayoría de las veces mucho más prolijos. And… «On the count of ten, you will be in Europa«, espero, despertarás en un mundo enorme, complejo, flamígero, multifacetado de visiones sobre el cinematógrafo, Histoire(s) como punto (perdido en el espacio) de asociación y portal de partida, el inicio de un paseo que permita “lavarse los ojos entre mirada y mirada” (Mizoguchi), desafiar la soledad a la que nos aboca el sistema para desarmarnos (Pasolini), renovarse mediante una contemplación activa recuperar una mirada serena (el tópico, pero orillado, mirar las llamas de un fuego, las olas del mar, el descenso de los copos de nieve, el viento en los trigales de Malick, las nubes en el cielo, escuchar la letanía de Marguerite Duras en Son nom de Venise dans Calcutta désert… como dicen los anglosajones, ver crecer la hierba, literalmente, de La Région centrale de Michael Snow…. Volver a ver, volver a oír.
Diarios/Mekas. Y Marker, Cassavetes, Akerman, Fassbinder… Y, con todas las riquezas ajenas a las que espero que les lleve, no deja de ser un proyecto profundamente personal, por lo que en gran parte toma el formato de unos diarios, de los que el maestro es sin duda el simpar realizador neoyorquino-lituano, con lo que unido a la estructura dialéctica de los posts harán que habrá quien pueda reconocer como propias algunas de las conversaciones en que se articula el contenido. En estos momentos, hay visibles 172 piezas de diversos tamaños (alguna rescatada de 2011 e iremos más atrás en el tiempo, de cuando recorría el mundo estupefacto como Kluge), pero hay 190 más preparadas en la recámara e iremos publicando regularmente “lo nuevo y lo viejo” tratando infructuosamente de completar el laberinto por definición infinito, eterno, de la percepción del mundo a través de la cámara. En cuanto a la batahola mestiza de lenguas que se llegan a utilizar, he de alegar en mi descargo que no es producto de la pedantería, sino que se debe a que, no sólo en el cine, sino también en la vida, me he criado, he sentido, he pensado y me he movido en múltiples idiomas y recurro automáticamente a las expresiones que me parecen más precisas para cada ocasión. A mi hija Irina le digo siempre que sin arte sólo se vive una vida, así que acompáñenme en el viaje.
Barcelona, a 28 de diciembre de 2021
José Iglesias Etxezarreta
Cuando era más joven llegué a tener una productora registrada. Se llamaba Moving images, imágenes en movimiento, imágenes emocionantes. Produjo un único film, Al Sur (Arsenal, TV3)
Trenes rigurosamente vigilados, Jiří Menzel, Checoslovaquia, 1966, Fuente: Play Cine
PD: Aparte del enlace de cada imagen, en la estructura de Histoire[s] du Cinéma, hay una sección de Enlaces, con conexión permanente a los sospechosos habituales, padres fundadores o mothers of invention/del cordero. Si no se encuentra y le gustaría recibir invitados vía este portal, avíseme y emendaremos la ausencia. Hemos empezado con contertulios como Nos hacemos un cine, Miguel Martín, Anarchist Film Group, Dave Downes, Liliana Diaz Rodriguez, Filmoteca de Catalunya, Coses Meves (ex pàgina no oficial de la Filmo) de Jaume Masanés, Cine Urgente, Ona Planas, Jaco Sucari, Solaris, Quim Casas, Lo cuento, Retro, Antonio Martín, Cinemes Girona, Zumzeig, Phenomena, José Luis Márquez, José Manuel Martín Sánchez, Monte Carlo, Sergio Sánchez, Enrique CA, Quentin Allen, Raúl Callejón, Alberto Orti, Nos hacemos un cine reloaded, Laura H, Educa tu mirada, Javier Urrutia, Teleduca Coordinadora, Rocio B Fernandez, Jordi Barberà, Manu Dimango, Xavi Gaja, Ivan Romero Varo, Oscar Alarcon, Ángel Eduardo Vega, Boliche, José Martín S, David DSS Cooper, José Luís Guerín, Luis Carceller Alcón, Diego Rodríguez, Max Walsen, Dani Fontrodona, Skum Skoria…
Histoire[s] du Cinema, un nuevo web de José Iglesias Etxezarreta. Y a la producción, como siempre, Eduardo Mur Terrel / BarcelonaCitizen.
Al día siguiente…. De acuerdo en que «todos queremos tanto a Werner» pero ayer estaba extrañado preguntándome por el motivo del llenazo de gala de la Filmoteca de Catalunya por la proyección de un nuevoherzogcumentary suyo (dedicado a su camarada caminante Bruce Chatwin) cuando… ¡ahí entra en persona el gran Herzog! Noche muy emocionante para todos, en la que Esteve Riambau hasta rindió un reconocimiento público a los que, frente a viento y marea, desafiando los miedos, las multas y los ataques, mantuvimos las salas abiertas con nuestra presencia y apoyo durante las «restricciones» provocadas por la gestión de la pandemia. El genio alemán estuvo a la altura de su altura física, artística y moral, y se mostró enormemente productivo, creativo y divertido. Larga vida.
«Uno de los motivos por los que he hecho esta película es que espero que alguien salga, vaya a comprar sus libros y se los lea»
Somos creadores, no contables
Werner Herzog, 21 de octubre de 2021, Barcelona
«Somos creadores (inventamos), no contables (registros)… Cuando hice Dónde sueñan las hormigas verdes no conseguí entender nada de la mitología de los aborígenes, una mentalidad de hace 25.000 años, así que todo es inventado. Los hechos no contribuyen siempre a la verdad [como ya dijo otro alemán, el filósofo Theodor W. Adorno, «los hechos mienten»]. Hay un gran peligro en la honestidad cuando va de la amno de la estupidez».
«Uno de los cineastas más talentosos, Welles, no tenía disciplina (…) Mi gran héroe no es otro que Miguel Ángel, aunando disciplina e imaginación, ocho años para acabar la Capilla Sixtina destrozándose la espalda. Para hacer películas hay que tener sentido del deber y mucho coraje».
«¿Paul Schrader me cita junto a Dreyer, Bresson y Ozu? Nunca vi una película suya; de hecho, nunca he leído un libro sobre cinematografía Lo que sí me gustaría es ser fiel a Dreyer y Bresson, aunque no osaría compararme a ellos».
La última película que vio Bruce Chatwin fue Wodaabe – Die Hirten der Sonn (Los pastores del Sol, Alemania, 1989). Fuente: Cineteca Nacional de Chile
7 de octubre de 2021. Oshima es uno de los más grandes del cine japonés moderno, un Godard/Resnais nipón. Sólo hay que ver el prodigio de montaje de Noche y niebla en el Japón. Ha pagado por lo directo de El imperio de los sentidos, pero no hay que olvidar que más que el sexo, el dominio y la mutilación, las tomas más escalofriantes son aquellas en que mientras Sada Abe se escabulle en las sombras tras haber fagocitado a su amante (cual Adjani en Posesión), los militares toman las calles y el control, marchan bajo su ventana preparando calladamente para el Extremo Oriente un festival fascista de depravación real, equiparándola con la perspicacia arendtiana de las escenas más discretas del Saló de Pasolini
En respuesta a Miguel Martín: ¿Qué sería del cine sin el fantasma? El fantasma, el reflejo, el espectro, la luz en el espejo, la doble identidad. «El imperio de la pasión» es un cruce entre «El cartero siempre llama dos veces» y las historias de fantasmas de Mizoguchi, por decir obviedades, culminando en Los amantes crucificados. En su sórdida historia hay una belleza visual que roza la excelencia con la ayuda de la música de Takemitsu. A Oshima le ha pesado su fama de cine «escandaloso» para mentes estrechas pero es otro más de los grandes del cine japonés y mundial.
23 de abril de 2022. Para el Día Internacional del Libro que mejor que la más «literaria» de las obras de Oshima, Feliz Navidad Mr Lawrence, una inquietante vuelta de tuerca del Río Kwai y de las ambiguas sexualidades oriental y anglosajona, con un elenco desbordante y «multimedia», el músico y cantante David Bowie, el sobrio actor y escritor Tom Conti, el popular cómico y descomunal cineasta Takeshi Kitano y el enigmático compositor y prolífico artista Ryūichi Sakamoto, quien también enhebró la fascinante banda sonora, que le valió el BAFTA de 1988 (cuatro años después obtendría un Óscar, un Grammy y un Globo de Oro por su autoría de la -como siempre en esto de los premios, menos memorable- de El último emperador de Bertolucci
17 de agosto de 2011. 13 asesinos, de Takashi Miike. Peliculón. Una hora y cuarto de Oshima y 45 minutos de Kurosawa (o Peckinpah).
¿Tienen sentido los remakes?
25 de abril de 2022. ¿Tienen sentido los remakes, sean históricos, geográficos o industriales? ¿No tienen más sentido las versiones, como con el teatro –Macbeth de Welles, Kurosawa, Polanski- o la literatura, El corazón de las tinieblas de Herzog o Coppola? Hoy en @filmotecacat Ichimei de Miike sobre el Harakiri de Kobayashi.
«Coming in from Turkey, from over the border/Flyin’ in a big airliner» he elegido para ver Judas and the Black Messiah, de Shaka King, para ver como on board movie, sobre la pasión y muerte de Fred Hampton, los Panteras Negras y la Rainbow Coalition. Y me ha venido a la cabeza un documental que vi y cuyo nombre he tratado desesperadamente de recordar en que una activista va anotando con calma de camarera los tipos sanguíneos de sus camaradas just antes del asalto de la policía a una de sus sedes. Porque ni siquiera las dramatizaciones de Clockers de Spike Lee ni Boyz n the Hood de John Singleton, tal vez un poco The Wire, ya no digamos las bienintencionadas fábulas del entrañable Mario van Peebles, consiguen llegar a rozar el poder de las convulsas imágenes en blanco y negro de la época. Del Black Power. A su espíritu revolucionario, es posible que sólo las reformulaciones radicales (como las trascendencias de Apocalypse y Aguirre con El corazón de las tinieblas) de Vardà (Black Panthers) o, por supuesto, de Godard (Sympathy for the Devil/One plus One) consigan aproximárseles.
How Capitalism brings the story home: It wasn’t Giuliani that pacified the Bronx
Rubble Kings: The Real Story Behind The Most Famous Scenes In ‘The Warriors
4 de mayo de 2023. Llaman veteranos a máquinas racistas de matar que han formado y luego dejado sueltas por ahí. Contrario a los bulos, según las estadísticas es mucho más probable que las personas sin techo sean víctimas de un crimen que lo perpetren. Como en la escena de una película de terror de Jordan Peele, el resto de los pasajeros ayudó y aplaudió a los asesinos.
– That is unfortunate because there is so much work for just one god
Lord Jim es una de las más magníficas y angustiosas novelas de uno de los escritores más magníficos y angustiosos en lengua inglesa, Conrad. Realmente la novela de acción tiene poca, trata sobre la culpa y cuando el pasado nos alcanza… Me has dado motivos Jordi Barberà para repasar la peli aunque me temo que como todas las adaptaciones directas del gran autor polaco (no así Aguirre o Apocalypse) será más traditore que traduttore 😉 El cartel que has elegido sí que es una pasada psicodélica.
Revisando Lord Jim es interesante descubrir en los títulos de crédito, como actor, a Christian Marquand, haciendo de «oficial francés». El hermano de Nadine Tritignant, marido de Tina Aumont, padre del hijo de Dominique Sanda y protagonista de Dios creó la mujer junto con Brigitte Bardot (ríete tú de Warren Beatty), juntó a sus amigos (ahí es nada) Charles Aznavour, Marlon Brando, Richard Burton, James Coburn, John Huston, Walter Matthau, Ringo Starr, Ewa Aulin, Elsa Martinelli, Sugar Ray Robinson, Marilú Toló, Anita Pallenberg, Florinda Bolkan y Enrico Maria Salerno, entre otros, para hacer aquel trip maravilloso que fue Candy. Un fin de semana del fatídico año de 2001, yo me paseé por las praderas de Benoni y bajo el sol sudafricano, oyendo las músicas del mundo entre banderas multicolores y múltiples tribus, igual que Eva Aulin e igual de alucinado que ella en su sesentayochero y sesentayochista periplo. Fue sin duda el «fin de semana de las maravillas». Uno de tantos de mi mágico año en Sudáfrica. Strange, Bright, Daysindeed.
14 de septiembre de 2021. Por cierto que el pintoresco Marquand tiene la facultad de aparecer de repente en los sitios más insospechados… como en la página 247 del libro de David R.L. Litchfield The Thyssen Art Macabre, dedicado a esta saga de robber barons teutones y a los métodos por los que reunieron su sobrevalorada colección de arte, como ¡amante de la segunda esposa del barón Heini, la socialité y supuesta amante del hermano de Franco, Nina Dyer -Carme Cervera sería la quinta-! Que a esta arribista le regalen 100 millones de euros por el alquiler de la deficiente retahila de falsificaciones malhabidas y segundones de dudosa procedencia de su nazi aristócrata indica cuál es la política cultural de la socialdemocracia Carmen Cervera regresa al Thyssen tras firmar un acuerdo millonario por la cesión temporal de «su» museo (que también corre a cuenta nuestra).
En Películas simbiontes (o más bien parásitas) abordaba cómo se benefician los rodajes paralelos. Sin embargo, un caso de yuxtaposición por el que siempre me había interrogado era el de dos films en extremos opuestos. Por una parte; La Jetée, una de las obras más maravillosas e influyentes de la historia, que particularmente utilizó además, junto con la intro de aterrizajes de la Fata Morgana de Herzog, para ralentizar la mirada de amigos que quieren introducirse «en ese tipo de cine que tu ves» 😉 y que tienen la retina hiperactiva característica del cine de precipitación de encuadres por segundo de hoy en día, para reaprender a ver todo lo que hay en un plano, incluso lo rembrandtianamente oculto a la mirada. Por otra, To Sir, with Love, una pequeña artesanía, con un enorme éxito comercial y el estelar Sidney Poitier haciendo su típico papel de «negro bueno, pero con carácter” (que pese a su intrínseco tiotomismo aún le haría brillar como Virgil Tibbs en la intensa En el calor de la noche de Norman Jewison). Difícil encontrar dos historias y formatos más diferentes en todos sus aspectos, pero siempre me ha fascinado el que ambas contienen una epifanía en/a través de un museo. Y que, mientras la del pintoresco James Clavell (veterano de guerra, novelista y nada menos que guionista de La mosca de Kurt Neumann), altera su paso en dicha secuencia, pasando de hablada a cantada (con el precioso tema principal homónimo de Lulu) y, sobre todo, de imagen en movimiento a sucesión de fotos fijas,
la de Ageless animals de Chris Marker
viene justo un minuto después de que, durante cinco interminables segundos, la cinta compuesta en su integridad por un retablo magistral de estampas inmóviles, se “interrumpe” para mostrar unos ojos que florecen y una sonrisa que atrapa por un instante, un alma que despierta en todos los sentidos, en movimiento.
De todas formas, la eterna pregunta de si el australiano había tenido en cuenta o de alguna manera había sido influenciado para su película de 1967 por la visión de la la pieza del genio de Neuilly de 1962 quedó resuelta, de forma prosaica, hace unos días al hallar en el trivia que la bellísima escena iniciática, que resume el curso en que las estudiantes adolescentes van convirtiéndose en mujeres adultas
Those schoolgirl days of telling tales and biting nails are gone / But in my mind I know they will still live on and on / But how do you thank someone who has taken you from crayons to perfume?”
vino a ser en la forma que la conocemos porque (spoiler alert por si a alguien aún le interesa;-)
The producers sought permission to film in the British Museum for the outing sequence, were denied only a few days prior to filming, although stills photography was permitted. Stills photographers Laurie Ridley and Dennis C. Stone were given a free hand, following the cast throughout the museum, creating the iconic montage sequence for the movie”
La distopia de La Jetée, su contradictorio hálito entre vitalidad y muerte, refleja sin embargo, en una de sus múltiples capas, los tiempos convulsos de los sesenta y en especial el espíritu que desembocaría en mayo en que se forjó, y por tanto tiempos también de grandes esperanzas, aunque lo viejo no acababa de morir y lo nuevo no acababa de nacer. Así en el minuto 7:49 oimos que
Si eran capaces de concebir o soñar otro tiempo, es posible que fueran capaces de vivir en él” evocando y desafiando al Marcuse de La sociedad carnívora para poder crear una sociedad libre tenemos que ser libres (…) Si no, las necesidades y satisfacciones que reproducen una sociedad represiva serían transportadas a la nueva sociedad; hombres represivos llevarían consigo su represión a la nueva sociedad.»
o de forma más definida,
según Varghese & Blyth (Ghost in the Machine: Specters of Marx in The Matrix), «parafraseando a Marx, aquellos en una sociedad no libre no pueden imaginar lo que es ser libre»
Ilustración del precioso relato corto de JMENDEZ en el Diario de Pontevedra, La única foto que salvé, admirable, me recuerda algunas somnolencias y camas deshechas, ovillados, de mi juventud
No tenía hambre y vimos ‘Bande à part’ metidos en la cama. Era lenta, el francés era difícil y se me cerraban los ojos»
Tiene cierto sentido que Olivier hiciera un Hamlet porque era considerado uno de los mayores actores shakespearianos de su tiempo, como Branagh sólo que éste último es mucho mejor director (Much Ado for Nothing, Henry V). El más cinematográfico fue el de Kózintsev, con guion de Boris Pasternak, como es el más grande su Rey Lear. [Al cuarto señor que usted cita no tengo el gusto de conocerle 😉 ni permitiré que su nombre mancille este listado jajajajajajaja…] En todos estos casos hay un libreto que se va reinterpretando. West Side Story como tal es un musical que puede sufrir también versiones, pero o lo cambias radicalmente (Conrad, Coppola, Herzog -que no Sénder- con El corazón de las tinieblas) o exponiéndolo literalmente es casi imposible que ni te acerques a una comunión de talentos en un estado de trance como es el original. No digo que no valga la pena intentarlo, pero no sería una iniciativa comercial y ramplona como ésta [la de Spielberg], sino algo así como el «WSS» de Godard o de Zulawski o de Kurosawa. De hecho, ya hay un maravilloso japonés, mitad West Side Story, mitad La ley del silencio, con toques de Pierrot Le Fou, A flame at the Pier (del maestro Shinoda, tiendo a confundirla con Flor pálida del mismo director porque las vi en el mismo y alucinante miniciclo que le dedicaron hace un par de año), que acaba con una increíble back projection -o incluso, como en el Skolimovski de Hands Up!, pudiera ser una lona que cae y el fondo fuera real- de las aguas oscuras del puerto mientras un cortejo fúnebre de pandilleros, trabajadores, huelguistas, esquiroles y policías lleva el cadáver del protagonista -una especie de Raphael, Elvis, Brando, Dean nipón todo en uno- y detrás desfila el amor imposible. Más que versiones, remakes, secuelas o precuelas, creo que en arte funcionan las reinterpretaciones, apropiaciones, superaciones, inversiones, yuxtaposiciones, inspiraciones… Aquí están las impresiones del vertiginoso caleidoscopio de recuerdos de aquellos días.
Y algún día hablaremos de Macbeth…
Albany: The weight of this sad time we must obey; Speak what we feel, not what we ought to say. The oldest hath borne most: we that are young 385 Shall never see so much, nor live so long.
Cuando ayudé a producir su documental sobre la Transición y lo que quedaba de ella, El somni dels herois, pude conocer personalmente a Jacobo Sucari, a quien hasta entonces había admirado, desde La lucha por el espacio urbano y como creador lúcido y punzante como un estilete. A partir de ahí, me ha dejado, a veces, aproximarme a su carácter, fuerte, mordaz, y disfrutar de su genio, renacentista, como músico, performer, videoartista o cineasta, profesor y escritor, versátil, pero diría que coherente en su aproximación total a las artes como instrumento de crítica, reflexión y gozo. Hoy en el Palacio de la Virreina podremos contemplar esos tres relatos audiovisuales que seguramente han escapado del bosque animado de Los proyectos frustrados que bullen constantemente en su cabeza y en la punta de sus dedos.
Israel on my mind es un documental bellísimo e hipnótico, herzoguiano, pero a la vez desolador y desesperanzado, inspira una sensación de infinita tristeza.
An inseparable part of understanding Citizenship here is that part of it is ignoring the Occupation», Lance Hunter.
No entiendo muy bien porqué los molinos antiguos molan mucho a la izquierda emocional (cuando en su época hasta se confundieron con gigantes y hoy los nuevos molinos son engendros. Las obras humanas también son parte del paisaje, como lo es la erosión de la naturaleza, no siempre positiva, y no solo las de los romanos, como si edad supusiera de por si algún tipo de valor estético y ético que las actuales no tengan (los acueductos traían agua rural a una ciudad urbana, no eran simples soluciones decorativas guay).
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Ahh, así que no son los molinos (aunque la imagen que pones es la de un molino . Qué alivio. Así no habrá que tirar también los de la Mancha, ¿no? O es que porque son antiguos ya se han mimetizado con el paisaje. No es lo mismo un parque eólico que una central nuclear o que las propias líneas de muy alta tensión. Como dices, hay obras y obras, destructivas y constructivas. Ahora todo el mundo está con el Not in My Neighbourhood. En Barcelona se ha llegado a que haya vecinos que no quieren un tanatorio en su barrio, y otros que se manifiestan contra un museo. En cuanto a la boutade del Amazonas no está a tu altura. La gente está olvidando que no existe el concepto de paisaje si no hay nadie para contemplarlo; de hecho muchísimos «paisajes» son producto de la intervención humana, y otros muchos se salvan por su protección ante la propia erosión de la naturaleza. Bueno, lo dejo, con las emociones por «la tierra» no se puede discutir; en todo caso te recuerdo la escena del moderno Quijote de Señales de Vida de Herzog para ver si te reconcilias un poco con los molinos (minuto 58:27)
Lebenszeichen, Werner Herzog, 1968, Alemania, Werner Herzog FilmproduktionLebenszeichen, Werner Herzog, 1968, Alemania, Werner Herzog Filmproduktion