Y Polanski conoció a las brujas de Macbeth

Publicado originalmente el 23 de septiembre de 2019. Macbeth contiene dos de las escenas de Shakespeare que bordean de la forma más potente entre la pesadilla y la realidad, la de las tres brujas y la del bosque que se mueve, y que han requerido toda la fuerza icónica de tres grandes maestros para llevarlas al cine: Welles, Kurosawa y Polanski, que llegó a conocer a las tres furias de verdad. Mañana en la Filmoteca de Catalunya.

Los militares de las sombras de Oshima = Godard +Resnais

7 de octubre de 2021. Oshima es uno de los más grandes del cine japonés moderno, un Godard/Resnais nipón. Sólo hay que ver el prodigio de montaje de Noche y niebla en el Japón. Ha pagado por lo directo de El imperio de los sentidos, pero no hay que olvidar que más que el sexo, el dominio y la mutilación, las tomas más escalofriantes son aquellas en que mientras Sada Abe se escabulle en las sombras tras haber fagocitado a su amante (cual Adjani en Posesión), los militares toman las calles y el control, marchan bajo su ventana preparando calladamente para el Extremo Oriente un festival fascista de depravación real, equiparándola con la perspicacia arendtiana de las escenas más discretas del Saló de Pasolini

En respuesta a Miguel Martín: ¿Qué sería del cine sin el fantasma? El fantasma, el reflejo, el espectro, la luz en el espejo, la doble identidad. «El imperio de la pasión» es un cruce entre «El cartero siempre llama dos veces» y las historias de fantasmas de Mizoguchi, por decir obviedades, culminando en Los amantes crucificados. En su sórdida historia hay una belleza visual que roza la excelencia con la ayuda de la música de Takemitsu. A Oshima le ha pesado su fama de cine «escandaloso» para mentes estrechas pero es otro más de los grandes del cine japonés y mundial.


23 de abril de 2022. Para el Día Internacional del Libro que mejor que la más «literaria» de las obras de Oshima, Feliz Navidad Mr Lawrence, una inquietante vuelta de tuerca del Río Kwai y de las ambiguas sexualidades oriental y anglosajona, con un elenco desbordante y «multimedia», el músico y cantante David Bowie, el sobrio actor y escritor Tom Conti, el popular cómico y descomunal cineasta Takeshi Kitano y el enigmático compositor y prolífico artista Ryūichi Sakamoto, quien también enhebró la fascinante banda sonora, que le valió el BAFTA de 1988 (cuatro años después obtendría un Óscar, un Grammy y un Globo de Oro por su autoría de la -como siempre en esto de los premios, menos memorable- de El último emperador de Bertolucci

Otras referencias: Kaurismäki/Kitano, Battiato/Sakamoto


17 de agosto de 2011. 13 asesinos, de Takashi Miike. Peliculón. Una hora y cuarto de Oshima y 45 minutos de Kurosawa (o Peckinpah).


¿Tienen sentido los remakes?

25 de abril de 2022. ¿Tienen sentido los remakes, sean históricos, geográficos o industriales? ¿No tienen más sentido las versiones, como con el teatro –Macbeth de Welles, Kurosawa, Polanski- o la literatura, El corazón de las tinieblas de Herzog o Coppola? Hoy en @filmotecacat Ichimei de Miike sobre el Harakiri de Kobayashi.

Shinoda, West Side Story y las reinterpretaciones

Tiene cierto sentido que Olivier hiciera un Hamlet porque era considerado uno de los mayores actores shakespearianos de su tiempo, como Branagh sólo que éste último es mucho mejor director (Much Ado for Nothing, Henry V). El más cinematográfico fue el de Kózintsev, con guion de Boris Pasternak, como es el más grande su Rey Lear. [Al cuarto señor que usted cita no tengo el gusto de conocerle 😉 ni permitiré que su nombre mancille este listado jajajajajajaja…] En todos estos casos hay un libreto que se va reinterpretando. West Side Story como tal es un musical que puede sufrir también versiones, pero o lo cambias radicalmente (Conrad, Coppola, Herzog -que no Sénder- con El corazón de las tinieblas) o exponiéndolo literalmente es casi imposible que ni te acerques a una comunión de talentos en un estado de trance como es el original. No digo que no valga la pena intentarlo, pero no sería una iniciativa comercial y ramplona como ésta [la de Spielberg], sino algo así como el «WSS» de Godard o de Zulawski o de Kurosawa. De hecho, ya hay un maravilloso japonés, mitad West Side Story, mitad La ley del silencio, con toques de Pierrot Le Fou, A flame at the Pier (del maestro Shinoda, tiendo a confundirla con Flor pálida del mismo director porque las vi en el mismo y alucinante miniciclo que le dedicaron hace un par de año), que acaba con una increíble back projection -o incluso, como en el Skolimovski de Hands Up!, pudiera ser una lona que cae y el fondo fuera real- de las aguas oscuras del puerto mientras un cortejo fúnebre de pandilleros, trabajadores, huelguistas, esquiroles y policías lleva el cadáver del protagonista -una especie de Raphael, Elvis, Brando, Dean nipón todo en uno- y detrás desfila el amor imposible. Más que versiones, remakes, secuelas o precuelas, creo que en arte funcionan las reinterpretaciones, apropiaciones, superaciones, inversiones, yuxtaposiciones, inspiraciones… Aquí están las impresiones del vertiginoso caleidoscopio de recuerdos de aquellos días.



Y algún día hablaremos de Macbeth…


Albany: The weight of this sad time we must obey;
Speak what we feel, not what we ought to say.
The oldest hath borne most: we that are young 385
Shall never see so much, nor live so long.

King Lear, Grigori Kózintsev, 1971, URSS

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