Triangle of Sadness/Parásitos, más clasistas que de clase, más superficiales que subversivas

Antes incluso de la arbitrariedad superficial de Dogma, ha habido en el cine escandinavo una imperiosidad naif por escandalizar, como ahora en Triangle of Sadness del nuevo enfant terrible Ruben Östlund, más clasista que de clase, como en Parásitos o Zoolander, mucho más superficial que subversiva, opuesta a Weekend, El sentido de la vida, La Grande Bouffe o El señor de las moscas.

Triangle https://faroutmagazine.co.uk/ruben-ostlund-dinner-scene-triangle-of-sadness/
îccoli https://www.humanite.fr/culture-et-savoirs/series-dete/quarante-ans-plus-tard-la-grande-bouffe-ete-digeree-cinema-548961
Bouffe gif https://explicationdefilm.com/2018/12/25/la-grande-bouffe/
Parásitos https://www.filmaffinity.com/bo/film520465.html
Pythgom https://as.com/epik/2019/09/18/portada/1568794416_781361.html
Weekend https://thecannibalguy.com/2019/09/15/weekend-jean-luc-godard/
Sentido pesecución https://www.hilobrow.com/2012/10/29/shocking-blocking-38/


6 de marzo de 2020. Con el pase de su primera película, Flandersui gae, Filmoteca de Catalunya nos permite hoy introducirnos en la mirada sobre el mundo de Bong Joon-ho empezando por el principio. Estaría bien ir pudiendo acceder a los siguientes pasos de su filmografía hasta desembocar en Parásitos.

La amenaza del otro: El extranjero y Sed de mal

Estamos en un tiempo en que prospera la xenofobia. «El infierno son los otros» (d)escribía Sartre en A puerta cerrada. Lo desconocido en un tiempo de incertidumbres amplificadas por redes y medios.

Se extiende interesadamente la Teoría del Señor Alcalde: «los mozos que provocaron la pelea no eran vecinos del pueblo». Los turistas encarecen «nuestros» pisos; los indigentes y los carteristas de fuera afean «nuestras» ciudades»; las prostitutas ajenas corrompen «nuestras» costumbres; los manteros degradan «nuestras» marcas y los piratas rebajan «nuestros» estándares… esos nebulosos anarquistas (siempre italianos, no se sabe si por eso más fieros) que inflaman hasta el disturbio «nuestras» pacíficas manifestaciones… Siempre un «Nosotros» (interclasista) frente al «Ellos». Los otros (…aunque al final igual resulta que los muertos somos nosotros y no Los Otros 😉

Además de enturbiar «nuestra» prístina sociedad, El Otro deviene también «el tormento que inflige la mirada ajena», el testigo insobornable por la comodidad de la integración. Así, aprendemos mucho más de la visión foránea, contaminada sólo por otras aspiraciones culturales. En España, por ejemplo, se convirtió en un género en el siglo XIX, con los George Borrow (The Bible in Spain, 1843), Richard Ford (Handbook for travellers in Spain, 1845), Prosper Merimée (Lettres D’Espagne, 1831-1833), Téophile Gautier (Voyage en Espagne, 1845), o Alexandre Dumas (Impressions de voyage, 1847-1848); y sus sucesores, los hispanistas anglosajones que en el XX vinieron a ver cómo nos especializábamos en desgarrarnos, como Ian Gibson, ‎Hugh Thomas, ‎Stanley G. Payne, ‎Raymond Carr o Paul Preston, y el estadounidense Herbert Rutledge Southworth, mentor del anterior. Incluso los tuvimos propios, haciendo un viaje de ida y vuelta, como José Cadalso y sus Cartas marruecas, o los exportamos, como Domingo Badía y Lerblich, más conocido como Ali Bey, y sus antecesores, que n o tuvieron que disfrazarse para ir a Meca porque eran musulmanes genuinos. «Desde Sevilla, como Ibn ‘Arabī, de origen murciano, o de Granada, como Ibn Ŷubayr, quizás nacido en Játiva, o Al-Sāḥilī, que nunca regresó a su tierra, o el matemático AlQalaṣādī, también de Murcia, de Córdoba o de Almería. Ibn Ŷubayr (1145-1217), padre de la rḥila legó luminosas crónicas sobre sus viajes, pieza indispensable para conocer la cultura, situación política y religiosa de los países del sur de Europa y Oriente Próximo en el siglo XII. Para ello tuvo que sortear tempestades y aventurarse por un mar Mediterráneo entonces nido de piratas y peligros de todo tipo. La historia del malagueño Ibn al-Bayṭār (1170-1248), que llegó a convertirse en visir y director de los jardines de Damasco, fue considerado el mejor médico y botánico de su época y uno de los sabios más influyentes de al-Andalus» (Todoliteratura).

Pero ¿qué sucede cuando los otros somos nosotros, un occidental atrapado en la lujuria orientalista? Que podemos enloquecer, como los personajes de Conrad, Coppola o Herzog, o, como en el caso que nos ocupa, sacar el animal que llevamos dentro. Esa sensación es la que embarga al Meursault de El extranjero de Camus y quien mejor lo ha reflejado ha sido el Mastroianni de Visconti (1967), tanto, que lo recuerdo en blanco y negro, cuando hay que recordar que, para llegar al estado de otredad que le lleva a cometer el crimen, es inundado y cegado por un Sol amarillo aplastante. El mismo Sol terrible que achicharra la escena en que «Sebastian Venable» es destruido y devorado por una jauría de jóvenes nativos en De repente, el último verano de Mankiewicz (1959). Ese mismo calor omnipresente día y noche que empapa la Sed de Mal de Welles (1946). No nos centraremos ahora en el majestuoso metraje y movimentos, ni en Heston o Dietrich, sino en la espesura de maldad (qué gran giro en la traducción al español del título) que se va cerniendo sobre la blanca protagonista, la «inocencia» vulnerada del personaje que interpreta Janet Leigh, frente a la cruda amenaza de la alteridad oscura de los sicarios mexicanos (aunque, con sus juegos de espejos, Welles hace que el «bueno» sea también latino y el magnífico Maligno de la película sea el «americano»), y como van tejiendo su trama, con unos rasguños coreográficos que no se volverán a ver hasta, digamos, el Asalto a la Comisaria del Distrito Trece de Carpenter. Una violencia y humillación larvadas que tendrá que ser el salvaje Peckinpah quien las lleve al paroxismo en Perros de paja (1971).

(Por cierto, aunque los extranjeros no son populares para muchos intolerantes, el título sí lo es repitiéndose a menudo en el cine, con, en los últimos años, hasta uno con Steven Seagal 😉 en 2003, con Jason Patric en 2016, y con Chan y Brosnan en 2017)


Lord of the Flies, el horror que no necesita un río

De las tres distopías (tristemente ya no tanto) que leías de pequeño en Londres en el cole, Aldous Huxley, George Orwell y William Golding, la de este último, el dantesco calco que unos niños abandonados reproducen de la animalidad de nuestra teocracia capitalista, fue la que tuvo mejor adaptación cinematográfica, una pequeña joya de la mano del gigantesco Peter Brook. Lord of the Flies, hoy en la Filmoteca de Catalunya.


24 de marzo de 2022. En el patio del colegio el matón americano le asegura al chico de gafitas que le «protegerá» del matón ruso, que se encuentra en horas bajas. Cuando éste se entera de que el chaval se quiere ir de la pandilla, se lía a bofetadas con el pobre niño, que reclama la intervención prometida, a lo que los del Lado Oeste del recreo le contestan que aguante que van a presionar a los hermanos mayores del bully y que si no para van a avisar a su tía china para que todos se queden sin merienda 😉 Y pretenden que los demás niños nos interpongamos entre los dos brutos. Hell, no, we won’t go!