Con un colmillo retorcido aún más politico que Cronenberg, George A. Romero fue el primero en utilizar el terror como escalpelo del American Way of Life, con ambientes amenazantes también de día, en espacios abiertos y con personas normales como «monstruos», en el que un negro es el héroe y ajusticia a un blanco insoportable, en que matan a una niña inocente que ya no lo es. No sólo inauguró un género, sino una perspectiva y un icono del horror cotidiano, asfixiante y omnipresente, de la sociedad mercantil y de consumo. Aún saboreó la genuina sorpresa del ataque inicial en el cementerio de cuando la vi por primera vez. Hoy, The Night of the Living Dead en la Filmoteca de Catalunya.
El hombre lobo es un miedo atávico; las brujas, una producción ideológica eclesiástica medieval; Drácula, un eco del feudalismo durante el Romanticismo,; Mr Hyde, un reflejo freudiano, y la criatura de Frankenstein, la adaptación de Mary Shelley del monstruo antiguo a los tiempos de la electricidad. Pero el zombie es el espanto existencialista, el perfecto horror contemporáneo capitalista, cotidiano, omnipresente… las masas (muertas) en movimiento ciego,
«¿Por qué vienen todos hacia el centro comercial? Será porque aun mantienen un recuerdo del sitio que les dio mayor satisfacción en vida»
«¿Por qué vienen todos hcbia el centro comercial? Será porque aun mantienen un recuerdo del sitio que les dio mayor satisfacción en vida» (diálogo de los dos SWATs asesinos de inmigrantes caribeños y moteros muy vivos en El Amanecer de los Muertos Vivientes, segunda parte de la trilogía que, obviamente, culminaba en el enfrentamiento hawskiano y carpenteresco entre científicos y militares de El Dia de los Muertos Vivientes.
Artículo original para Fabián Salvador de Focus, inspirado en el post de Histoire[s] du Cinema de 25 de febrero de 2023 George A. Romero, The Walking Dead y la invención del zombie, las masas (muertas) en movimiento https://histoiresducinema.art/george-a-romero-the-walking-dead-y-la-invencion-del-zombie-las-masas-muertas-en-movimiento/
1.- La película, Night of the Living Dead
El hombre lobo proviene de un miedo atávico; las brujas, una producción ideológica eclesiástica medieval; Drácula, un eco del feudalismo durante el Romanticismo; Mr Hyde, un reflejo freudiano, y la criatura de Frankenstein, la adaptación de Mary Shelley del monstruo antiguo a los tiempos de la electricidad. Pero el zombie es el espanto existencialista, el perfecto horror contemporáneo capitalista, cotidiano, omnipresente… las masas (muertas) en movimiento ciego.
«¿Por qué vienen todos hacia el centro comercial? Será porque aún mantienen un recuerdo del sitio que les dio mayor satisfacción en vida» (Dawn of the Dead, George A. Romero)
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Muchas veces tendemos a interpretar un acontecimiento de forma anacrónica. Lo vemos en el contexto en que sucedió o adjuntamos a nuestra visión consecuencias que nosotros conocemos, pero que no podían ser previstas por los protagonistas. Esto es lo que suele suceder con la película conocida como La noche de los muertos vivientes, y acabaremos haciéndolo también nosotros con el fenómeno que ha supuesto, pero tratemos de empezar sólo trasladándonos a lo que fue su confección como producto.
Hay que remontarse a finales de los años 60 en Pittsburgh, donde un inquieto grupo de jóvenes realizadores y productores de anuncios -al frente de los cuales estaba un veinteañero Georges A. Romero-, cansado del cortometraje comercial, por lo que se aventuró a hacerse la intrépida pregunta de la que están hechas las aventuras (y las catástrofes): ¿y por qué no (hacemos una película de terror)? Why not?
Producto del presupuesto
Lo más interesante es que de su composición y (falta de) recursos surgirían algunos de los rasgos esenciales que caracterizan al nuevo mito. De las carencias presupuestarias nacería la omnisciencia y versatilidad delante y detrás de la cámara de aquel puñado de creativos; cuando no estaban escribiendo diálogos o buscando dinero para seguir el rodaje (empezaron con 6000 dólares), John A. Russo, Russell Streiner, Karl Hardman y Marilyn Eastman interpretaban sus personajes, editaban el sonido o dormían en la mismísima destartalada granja que les prestaron gratis porque “total, ya estaba en ruinas”.
Sin embargo, los magros 114000 dólares que al final costó se convirtieron en 30 millones tras su estreno, lo que curiosamente la hace una de las más rentables de la historia (aunque sus autores no recibieron gran parte por una absurda renominación en el registro que les privó de su correspondiente copy right). Pero lo más destacable es que todas aquellas estrecheces influyeron decisivamente en el estilo de pesadilla, pero muy realista, que adoptaría el género.
Partiendo, por ejemplo, de la iluminación. No sólo no podían pagar muchos focos, lo que contribuyó al ambiente tanto nocturno como en las escenas crepusculares, sino que afectó incluso a las copias para su distribución, para las que compraron el material más barato, lo que provocó que tuvieran mucho contraste; o hasta el parpadeo de los cielos y luces de muchas escenas de masa, que, junto con la elección consciente del blanco y negro, le ofrecen ese aspecto de documental o noticiero, que impregnaría a muchas de sus herederas, y en especial que abriría otro nuevo subgénero, el del false found footage (las imágenes halladas falsas, tipo The Blair Witch Project).
Este look povero alcanzaría a todo el resto de la producción. Es sabido que se utilizó sirope de chocolate para la sangre, y que toda la casquería de las vísceras de muertos y no muertos se la proveyó un carnicero local que, como todo el mundo implicado, cumplió varios papeles en la obra. Lo que pasa es que, a diferencia de las producciones baratas típicas de la época, de Roger Corman en EEUU, de la casa Hammer en el Reino Unido o de los giallo italianos, en este caso estas formas basadas en una ineludible economía de recursos se imbricarían en el fondo de la narración hasta constituir parte esencial del contenido de la narración
Originalidad del fenómeno
¿Y de dónde surgió este alucinante relato? Como en toda creación artística, hay unos hilos rojos que la unen con el pasado, pero que, al formar un nuevo nudo e incorporar una perspectiva inédita, son superados exponencialmente para formar un nuevo paradigma: el zombie (como decíamos, en su momento los autores no son conscientes de su rol futuro de demiurgos; por ejemplo, esta palabra no se utiliza en ningún momento de la película).
Hay mitos que han surgido colectivamente: los hombres lobos provienen de un miedo atávico; las brujas, son una producción ideológica eclesiástica medieval; Drácula, un eco del feudalismo durante el Romanticismo; Otros tienen padre o madre, pero también derivan de un contexto filosófico e histórico concretos: Mr Hyde (Stevenson), un reflejo freudiano; la criatura de Frankenstein, la adaptación de Mary Shelley del monstruo antiguo a los tiempos de la electricidad. Y el zombie (Romero) es el espanto existencialista (Sartre, “el infierno son los otros”), el perfecto horror contemporáneo capitalista, cotidiano, omnipresente… las masas (muertas) en movimiento ciego. «¿Por qué vienen todos hacia el centro comercial? ? Será porque aún mantienen un recuerdo del sitio que les dio mayor satisfacción en vida» (diálogo de los dos cínicos SWATs asesinos de inmigrantes caribeños y moteros muy vivos en El Amanecer de los Muertos, segunda parte de la trilogía –interpretados en el siempre innecesario remake de 2004 por los graníticos Ty Burrell y Ving Rhames- que, obviamente, culminaba en el enfrentamiento hawskiano y carpenteresco entre científicos y militares de El Día de los Muertos). Por cierto dicho centro comercial existe y es visitable. Está situado en Monroeville, Pennsylvania, y alberga un museo dedicado a los zombies en la cultura popular (que se trasladó de 2013 a 2020 a Evans City, PA, donde se filmó la primera parte de la saga).
Y en concreto las brasas culturales subyacentes que generan esta lluvia de chispas serán, por una parte, la invasión y apropiación simbólica de Haití en 1915 por parte de los EEUU, y la novela distópica de mediados de los años 50 (envueltos en paranoia atómica) Soy Leyenda, de Richard Matheson. Hasta Romero, los zombis eran la encarnación del esclavismo sufrido por los negros haitianos convertida en ritos vudús de control del cuerpo de vivos y cadáveres recientes. Su influencia en EEUU llevó a la realización de ciertas películas aisladas como White Zombi (1932), con Bela Lugosi, y la archiconocida I walked with a Zombie (1943), de Jacques Tourneur. En cuanto al esquema literario que inspiraría y dejaría atrás Romero, Night of the Living Dead vendría a ser su segunda, no acreditada en muchos medios y sin vampiros, adaptación cinematográfica, tras El último hombre sobre la Tierra (1964), con Vincent Price, y antes de The Omega Man (1971), con Charlton Heston (y corramos un tupido velo sobre la cuarta versión, la única de título homónimo al escrito, con un improbable Will Smith como protagonista).
En pleno año 1968, estas cenizas aún calientes serían violentamente atizadas por el contexto político apocalíptico de fin del American Way of Life que tan clara (u obscura) mente se refleja en el film: la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles; aunque para ser justos, y no crear otras “leyendas”, estamos adentrándonos en una interpretación a posteriori de la producción como hemos mencionado al principio, ya que tanto el actor, el suave y malogrado Duane Jones, como el director negaron repetidamente que la negritud del su piel afectara a su selección para el rol, aunque también han admitido que fueron conscientes del seísmo que suponía –Romero llega a declarar que sobre todo se dio cuenta tras oír del asesinato de Martin Luther King Jr. por la radio- y, desde nuestro punto de vista futuro, podamos advertir claramente que cambió totalmente muchos de los significados políticos, y sobre todo la acogida pública de su película.
Al fin y al cabo, los hechos son los hechos. A lo largo del metraje, efectivamente un hombre negro abofetea a una mujer blanca (no el primer mandoble interracial, hito que pertenece al otrora perfecto yerno Sidney Poitier en la estupenda En el calor de la noche de Norman Jewsion un año antes). A continuación el mismo negro mata a un blanco, insoportable todo hay que decir, y acaba siendo asesinado por policías blancos (recuerdos del futuro). En medio, cadáveres de todos los colores se han entregado al canibalismo virulento, todos mezclados y la mitad en paños menores, tal vez el mayor pecado para una audiencia sureña contemporánea, y los supervivientes han asesinado a una ya no tan inocente, pero hasta entonces desvalida y angelical, niñita rubia…
En los siguientes años 40 años, Romero seguiría siempre ligado al universo que engendró y daría a luz, como director y guionista, a lo que a nuestro entender es una tetralogía y una dilogía (y no una hexalogía) sobre el tema, además de una digresión, The Crazies (1973) que le llevaría a ser padrino también del subgénero de los infectados. La Noche (1986), el Amanecer (1978) y el Día (1985)son una espiral terrible hacia la perdida de la fe en el espíritu humano, en especial la fría profesionalidad homicida de los dos agentes de la segunda y el conflicto, tan querido por Hawks, entre militares y científicos, o entre la Fuerza y la Razón, de la tercera. La cuarta, producida ya 20 años después, podría por fechas situarse como inicio de una segunda trilogía, pero realmente es el colofón del mundo y de la perspectiva, aún política, aún humana, de la primera: instalada ya plenamente en la distopía, el sistema capitalista ha revertido a un feudalismo despótico donde, como más adelante, cuando los Living se vuelvan los Walking y se pasen y paseen masivamente por televisión, es el hombre el peor lobo para el hombre. Y lo más destacado de toda la saga, los zombies, “los otros” que desde el Amanecer han sido carne de cañón de los tiradores de sangre caliente, muestran destellos de inteligencia y de consciencia de clase, y de querer un lugar y una alternativa propia cuando se “organizan” y se alejan ¿voluntariamente? de la violencia liderados por Big Daddy. Igual por eso el posible juego de palabras del título, Land of the Dead. Parafraseando a Emma Lazarus, “¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres. Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad, El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas. Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades“.
De todas maneras, todos recordaremos, saborearemos, siempre aquel primer escalofrío en que en un grisáceo cementerio, a pleno día, un individuo desgarbado y con los ojos vacíos se acerca a tu hermano que está haciendo el idiota… ¡y trata de morderle!
They’re coming to get you
2.- La persona, George A. Romero.
Con un colmillo retorcido aún más político que Cronenberg, George A. Romero fue el primero en utilizar el terror como escalpelo del American Way of Life, con ambientes amenazantes también de día, en espacios abiertos y con personas normales como «monstruos», en el que un negro es el héroe y ajusticia a un blanco insoportable, en que matan a una niña inocente que ya no lo es.
No sólo inauguró un género, sino una perspectiva y un icono del horror cotidiano, asfixiante y omnipresente, de la sociedad mercantil y de consumo.
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Como puede desprenderse de su apellido, George A. Romero (1940-2017) era de ascendencia hispana, con un abuelo nacido en la ría de El Ferrol y un padre de La Coruña. Sin embargo, no hablaba español, aunque se crio en el Bronx de Nueva York. Haciendo el viaje inverso al de Andy Warhol, de la Gran Manzana se trasladaría a Pittsburgh, donde estudió y comenzó su carrera como realizador de cortometrajes y anuncios.
Tal vez la propia falta de horizontes más allá de la bruma minera y de una tradición artística ajena a la furiosa actividad industrial de la conocida como “ciudad del acero” le llevara, como a John Waters en Baltimore o más adelante a Jim Jarmusch en Akron, a rebelarse y emprender una aventura creativa y el nacimiento de un turbulento imaginario que revolucionaría la ficción cinematográfica y literaria por venir.
Desde niño, sus cineastas de referencia eran Orson Welles y Michael Powell, y, como Waters con El mago de Oz (1939), su película favorita era una barroca The Tales of Hoffmann (1951), del propio Powell, que revisitaba con frecuencia cuando el otro fan de la cinta, un tal Martin Scorsese, no la tenía alquilada. Paradójicamente, los prefería al “mago del suspense” Alfred Hitchcock, para el cual había trabajado a los 19 años como gopher nada menos que en el rodaje de Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959), pero que no le impresionó por su actitud mecánica y desapasionada a la hora de dirigir. Se dice que aparece, junto con Larry Cohen. el director de otra joya renovadora del horror (faceta los niños malvados), It’s Alive (1974), entre la multitud de la escena de la Grand Central Station. Con 16, uno de sus cortometrajes, ¡sobre geología! Le había valido un premio Future Scientists of America.
Creador de mitos
Ya desde su primera obra, Night of the Living Dead, se constituyó en un creador de géneros y subgéneros, por supuesto el de los zombies, pero también el de su variante de infectados (The Crazies, 1973), el formato cuasi documental del false found footage (el estilo de la propia Noche.., y siguientes, pero sobre todo es la base de Diary of the Dead, 2007), o incluso el de las aventuras anacrónicas medievales de ídolos juveniles (Los caballeros de la moto, 1981), que alcanzaría cotas de paroxismo con El ejército de las tinieblas/Evil Dead 3 (1992) de su proclamado sucesor, Sam Raimi, o Destino de Caballero (2001), con Heath Ledger.
Y, sobre todo, inauguró el terror como instrumento de análisis y denuncia política en una industria asfixiada por la censura y el anticomunismo, resbaladizo atajo por donde luego transitarían con brillantez John Carpenter, Tobe Hopper o David Cronenberg, originario de Toronto, donde moriría Romero, canadiense por su tercer matrimonio.
Tanto por su forma, como por el fondo, como por los ritos que la primigenia producción impulso en sus protagonistas tanto vivos como muertos, Romero creó un universo, que va mucho más allá de propuestas ingeniosas, pero parciales (como la del asesino en el sueño de Wes Craven o la muerte inaplazable en la saga de Destino final), porque es coherente en su locura, plausible y cotidiano, y, sobre todo, porque está basado en una perspectiva crítica y pesimista, pero humanista al fin y al cabo.
Multifacético icono de la cultura popular
Con un cierto parecido físico con Stan Lee, el versátil Romero también se convirtió en un icono de la cultura popular estadounidense, colaborando con el maestro del terror Darío Argento y adaptando relatos y novelas de Stephen King como Creep Show o The Dark Half, y haciendo numerosas incursiones en todas las demás artes audiovisuales, tanto en el cómic con la propia Marvel como en el mundo de la televisión con Tales of the Darkside y hasta en el nuevo territorio de los videojuegos con Resident Evil a la cabeza, la versión para la gran pantalla de la cual declinó en dirigir en favor de Paul W. S. Anderson. Y no se abstuvo de mostrar su sardónico sentido del humor con el guiño de su cameo como uno de los carceleros de Hannibal lector en El silencio de los corderos (1991) de Jonathan Demme.
Tres días antes de su muerte el 16 de julio de 2017, de cáncer de pulmón y a los acordes de la banda sonora de uno de sus films favoritos, El hombre tranquilo (1952) de John Ford, todavía trabajaba en un par de proyectos, una película de cierre de la segunda trilogía, Twilight of the Dead, para la que su esposa Susan estaba haciendo un casting de realizadores en 2021, y Road of the Dead, “algo así como The Fast and The Furious, pero con zombies” según Romero y “Mad max 2 se encuentra con Rollerball en una carrera de NASCAR, con una inspiración significativa de Ben-Hur” según Matt Borman, su ayudante de dirección y amigo desde Land… a Survival… aunque al describir la trama como «una historia ambientada en una isla donde los prisioneros zombis hacen carreras de autos en un Coliseo moderno para el entretenimiento de los humanos adinerados» nos recuerde más a Death Race 2000 (1975) del propio Roger Corman, con David Carradine (Kung Fu) y el entonces poco conocido Sylvester Stallone, o su remake de 2008 Death Race, del propio Anderson, con Jason Statham y ambas… sin zombies.
Puede que sea cierto lo que afirma Quentin Tarantino de que la A en Georges A. Romero no era por Andrew, sino porque era “A fucking genius”.
30 de mayo de 2023. El próximo 22 de septiembre la productora Focus presenta en el Teatro Condal de Barcelona La Noche de los Muertos Vivientes Live, espectáculo interactivo y en la versión original autorizada por el legado de propio Georges A. Romero, que trabajó sobre su adaptación teatral, pero cuya muerte impidió que la llevara a cabo. Por lo que representa para mí su figura, estoy especialmente orgulloso de la https://lanochedelosmuertosvivientes.com/historia/ que me encargaron sobre las claves del autor y su obra y su impacto demoledor y duradero en la cultura, la mitología y la cinematografía posteriores.
En su manía de simplificarlo todo, la maldita hemeroteca algorítimica encasilla a los actores incluso después de muertos. Sí, James Caan fue Sonny Corleone en El Padrino, pero con él se va también mi héroe de la infancia, el Jo-Na-Than!, de Rollerball, o en la madurez el Dios que sacrifica a su hija querida de Dogville, e incluso el policía humano menos humano en aquel Blade Runner/Distrito 9 para pobres que fue Alien Nation.
25 de enero de 2024. Si, como en la música pop, en el cine hubiera un one hit wonder, pensaría inmediatamente en Lee Tamahori. Y alguien muy cercano seria Norman Jewison, que acaba de morir a los 97. El canadiense fue el artífice de la prodigiosa In the heat of the night, una de las obras que mejor resume el estado de las cosas y el soul del Deep South en los 60. Y también fue el autor de The Thomas Crown Affair, uno de los más elegantes y precisos usos de pantalla dividida (Gance, De Palma, Fleischer) que se recuerde, con un equipo en estado de gracia, Hal Ashby al montaje, los vericuetos de la memoria de Michel Legrand a la música y Pablo Ferro a los créditos y efectos visuales. Y con unos elencos de fábula, Poitier, Steiger, Oates, Lee Grant, McQueen, Dunaway, hasta Yaphet Kotto… ¿Quién no recuerda la primera vez que se deslizó por el aire a las notas de Windmills of your Mind?
A los políticamente correctos que exigen que los personajes de ficción sean interpretados por actores de su misma, supuesta, «identidad» les hubiera encantado Hardy Krüger. No sólo parecía nazi e interpretaba a nazis , sino que fue nazi en su juventud. Qué «auténtico» todo ¿no? (sería idóneo para un remake de Spielberg de Los chicos de Brasil o Marathon Man -¿y como no pensó en el para su lista de Schlinder-). Pero para la gente normal que sabe diferenciar vida y obra, realidad y ficción, sólo recordarles que participó nada más y nada menos que en el Barry Lyndon de Stanley Kubrick y en Hatari! de Howard Hawks.
Por eso, subrayo siempre que hay que diferenciar entre vida y obra, además de entre juventud y madurez. Aunque también es cierto que hay quien toma papeles más activos que otros. Krüger protagonizó Junger Adles y combatió en las SS, no en la simple Wermacht, lo que parece que requería un compromiso mayor con la causa.
Hatari! es una enorme película, la vi por primera vez de pequeño y me impresionó muchísimo, hoy poco a poco Hawks se ha convertido en mi director americano clásico favorito. Y aunque todo el mundo recuerda por supuesto a John Wayne, ¿adivinen quién sale también? Mi adorado Gerard Blain, le ami americain, le beau Serge.
Muere Cimino, el director que mejor culpabilizó al pueblo vietnamita del genocidio que le provocó USA.
Pobrecitos. Cimino eligió contar la historia de dos buenos chicos de Pennsylvania por encima de unos 1.945.455 vietnamitas que les precedían en su derecho a no morir y a tener sus historias vitales narradas… es demasiada elección para no pensar que era un inmoral… a mi me gustan Leni Riefenshtal y John Ford como cineastas, pero como seres humanos y artistas no voy a justificar sus elecciones racistas, que eran conscientes, no vamos a infantilizarlos.
Uno puede ver perfectamente cine con el que no está de acuerdo igual que leer grandes obras de personajes cuya posición política no es que fuera muy admirable, por ejemplo Celine. Pero no nos «colarán» nada si lo hacemos desde un punto de vista crítico y no nos dejamos llevar por hagiografías funerarias. Es como cuando apruebas a todo el mundo hasta que te das cuenta de que estás siendo injusto con los que sí se esfuerzan. Si no, equipararíamos a Rosellini con Kazan, por ejemplo.
Por mucho que se hable de La puerta del cielo como de un western sobre la lucha de clases, no olvidemos que Cimino, guionista del Harry de Eastwood (otro que tal, sólo hay que ver El francotirador), unido a Millius y Schrader, formaba un grupo de jóvenes ultraconservadores que venían a dar una vuelta reaganiana a Hollywood y que lo que se lo impidió fueron sus fracasos económicos en el seno de una industria que nunca perdona, no su ideología o cinematografía.
Decir que John Ford no era racista es un lugar común, aún sustentado por el topicazo de que decir que Ford era de derechas es no saber nada de Ford. He visto muchísimo Ford, el suficiente para saber que era un grandísimo cineasta, pero que los indios en sus películas son vistos mayoritariamente como el enemigo… y negarlo es comulgar con ruedas de molino que nos han querido hacer tragar muchos críticos progres que no pueden soportar el que les guste alguien que no es perfecto… a mí me gusta mucho Ford, como me gusta mucho Celine, pero no irías por ahí haciendo el ridículo de negar que Celine era antisemita, por ejemplo ;-).
«Cuanta complejididad» la de John Ford, vaya empanada tratar de equiparar Platoon con Apocalypse Now… ya, seguro, están en la misma banda del espectro ideológico, no, es mucho más crítico el escepticismo alucinado de Coppola que el compromiso de fondo de Stone con sus «chicos»… mira, si para que te guste John Ford ha de ser de Médicos Sin Fronteras lo aceptamos para no perder el tiempo, pero ¿no sería más fácil aceptar que era un norteamericano de su tiempo y por tanto pedirle que fuera de izquierdas además de buen director es un sinsentido?. Tal vez ese argumento (que en el fondo es igual de mentiroso que los demás que usan todos los johnfordófilos progres) resultaría más económico. Pero es curioso lo de los progres con mala conciencia. Yo por ejemplo no tengo ningún problema en defender a Eisenstein y que fuera comunista, a Tarkovski por ser un patriota prorruso o incluso a Michael Caine por estar por el Brexit. Creo que sé diferenciar entre lo que me gusta y lo que me parece bueno, y lo que es arte y lo que revolucionario. Por supuesto que he de confesar que además prefiero a los reovlucionarios, pero pero no pido que todos lo sean. Por cierto, si crees que Cimino aportó algo seguro que eres de los que creen que Sirk era «un gran artesano» y te lees las críticas del Boyero jajajajaja
Aunque lo mejor es eso de que «tenía amigos indios»; ¿sabes que Jefferson tuvo una mujer negra? El hecho de que el gran escritor de la Declaración de Independencia nunca la reconociera osdebe de dar igual. Que majo el John Ford, hasta hacía amigos con sus extras… anda que lo que no encontréis los políticamente correctos 😉
4 de julio de 2016. Riefenstahl dirigía films para Hitler y Lang huía de Alemania pese a ser nombrado DirGen de cinematografía. Ayer murió Cimino, hoy Kiarostami.
9 de octubre de 2018. The Iron Horse (1924, John Ford), hoy toca obra maestra en Filmoteca de Catalunya aunque sea de un director que no es santo de mi devoción y con música añadida (ya que las pasan dos veces, ¿por qué no una muda y otra con lo que sea que necesiten para «ilustrar»?)
23 de mayo de 2023. Qué mejor homenaje al proyeccionista de la Filmoteca de Catalunya durante más de cuatro décadas, Antonio García, que My Darling Clementine/Pasión de los Fuertes en 35mm. Y, por cierto, aprovecho para recordar la gran deuda que siempre tendremos mi generación con Octavi Martí y Ramon Font
Bellísima, como siempre, y los fordófilos no explotais lo suficiente lo increible que era el tio con los encuadres, posiblemente uno de los mejores.
¿Has estado enamorado alguna vez? No, yo siempre he sido camarero»
Pasión de los Fuertes, John Ford, 1946, EEUU. 20th Century Fox
20 de mayo de 2019. Pero qué bajo cae Cannes cuando se arrodilla a su faceta de mercado del cine. Hoy en que fascista es un calificativo manido por su mal uso, Rambo sin embargo encaja perfectamente. Favorita del reaganismo y epítome del canto a la milicia libertaria de ultraderecha, sigue lloriqueando sobre una guerra de agresión que se llevó por delante a 55000 americanos, sí, pero que asesinó a más de dos millones de vietnamitas y dejó al país con unas terribles secuelas que llegan a nuestros días. ¿Que será lo próximo? ¿Un homenaje a El triunfo de la voluntad ya que al menos Leni Riefenstal no era tan zafia como Stallone? Aunque en esa también hay interesantes apuntes de casting, como que los gitanos que aparecen fueron enviados directamente a la muerte al acabar el rodaje, eh, Quentin? Eso sí, para proteger a sus cándidos ojos, FB no permitiría que pusiera la foto de la niña quemada con napalm ya que se le ve toda la piel… que va cayendo a trozos
6 de septiembre de 2020. Homenaje a Stallone?????????????? Bueno, esa es la mejor demostración de que tipo de zoco es Cannes. Cobra sería el segundo mejor film de la Historia incluso si solo se hubiera producido uno y Sly posiblemente uno de los mejores actores en la categoría de Afectados de Parálisis Facial (literalmente, le cortaron un nervio de pequeño).
8 de enero de 2021. La hipocresía de esta plataforma no permite poner una imagen de lo más atractivo de esa película, la desafiante belleza de Lisa Bonet al natural, pero sí de uno de sus patronos más deleznables, Bill Cosby. Actriz represaliada por una industria moralista, mujer fuerte con un gusto indudable para elegir a sus acompañantes vitales (Lenny Kravitz, Jason Momoa) y madre de intérprete que ya es más que una promesa,